Juan Soto Ramírez
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Nuevas formas del erotismo y la sexualidad

Este trabajo fue publicado en la extinta Revista Texto Abierto #3-4 de la Universidad Iberoamericana, plantel León, el 01 de julio del 2003.


NUEVAS FORMAS DEL EROTISMO Y LA SEXUALIDAD
 
 
Socialización sexual en el mundo contemporáneo
 
En el mundo contemporáneo, nos enfrentamos a nuevos modelos de socialización sexual. Los nuevos modelos de socialización sexual muestran dos caras más o menos identificables. Un primer grupo de prácticas (table dance, swingers, masajes, etc.), está caracterizado por el tributo casi glorificado al cuerpo. Un segundo grupo (cibersexo y sexo por teléfono), se caracteriza por el rechazo, quizá precautorio, del cuerpo. Justo en el punto medio de estos dos grupos, es difícil identificar las diferencias entre un conjunto de prácticas y otro. Mientras el primer conjunto de prácticas estimula y necesita del tacto abigarrado del cuerpo el otro lo elimina o intenta reducirlo al mínimo. Nuestras prácticas de socialización sexual se encuentran en una encrucijada, por un lado encontramos una tendencia de repudio al cuerpo, enraizado en la cultura popular de las últimas décadas del siglo XX (Yehya: 2001, 18), pero por otro lado encontramos otra tendencia que glorifica al cuerpo. El cuerpo considerado como una pesada y maloliente bolsa de fluidos, gases y vísceras en gradual descomposición de la que podemos liberarnos (Op. Cit. 13), es la óptica de la cibercultura cuyas aspiraciones radicales se ven en los intentos, todavía utópicos, de trasladar la mente a un chip. El cuerpo, considerado como un templo o refugio del placer, es una visión que de alguna manera escapa a la perspectiva cibercultural de nuestros tiempos. Dichas tendencias generales del comportamiento parecen contraponerse aunque en algunos casos se complementan.
 
Las perspectivas occidentales, desde Platón hasta Descartes, han insistido a lo largo de la historia, en separar el cuerpo de la mente, del espíritu, de los sentimientos o de la conciencia. Los desarrollos tecnológicos han puesto en evidencia que la realidad se ha desestabilizado o que, como dijo ya hace mucho tiempo Edmund Leach, el mundo se ha desbocado. No sería demasiado ilusorio pensar que la vieja perspectiva evolutiva de Darwin sea desplazada por una teoría de la evolución biotecnológica y que a la sugerente teoría de Marx haya que incorporarle una nueva clase denominada: clase genética. No podemos pasar por alto que las revoluciones tecnológicas y sus productos han contribuido a la modificación de las relaciones sociales y esto a su vez ha tenido un impacto considerable en las formas de relación afectiva, erótica y sexual. El sexo ya no conduce exclusiva ni necesariamente a la reproducción o al enamoramiento, sino al sexo mismo. A las relaciones sin compromisos o compromisos ligeros. El ejercicio de la sexualidad sin implicaciones afectivas favorece que el número de parejas sexuales se incremente a lo largo de la historia de la vida de los individuos (Castells: 1997, 264). Aspecto que libera una suerte de sexualidad consumista y que contrapone la sexualidad tradicional (procreadora), frente a la relacional (de compañía) y frente a la recreativa (orientada exclusivamente al goce sexual). Pero a eso hay que sumarle la larga lista de fracasos amorosos y las consecuencias que en el plano de lo social esto trae consigo. El promedio de edad para contraer matrimonio, en México y en muchos otros países va en aumento en comparación con épocas anteriores. A su vez, el número de divorcios también se incrementa paulatinamente. De 1950 a 1987, en México, el grupo quinquenal predominante de a cuerdo a la edad del contrayente era el de 15 a 19 años. De 1988 a 1992 el grupo predominante fue el de 20 a 24. Para 1993 y 1994, la edad promedio al matrimonio era de 25 años aproximadamente. Ya para 1995 la edad promedio era de 26 años en números cerrados y hasta 1998, con ligeras fluctuaciones, se ha mantenido en esa cifra. El grupo quinquenal predominante según la edad del divorciado desde 1976 hasta 1992 fue el de 25 a 29 años en la República mexicana. Para el caso del D.F. se trató del mismo grupo desde 1976 hasta 1986. A partir de 1987 hasta 1992, el grupo cambió. El grupo predominante fue el de 30 a 34 años de edad. Para 1995, el promedio de edad al momento del divorcio pasó a 33 años mientras que en los dos años anteriores se mantuvo en 31. Hasta 1998 el promedio de edad rayó los 34 años. Para el 2000 el grupo quinquenal predominante según la edad del contrayente fue el de 20 a 24 años, mientras que el número de total de divorcios en ese mismo año fue de 52,358.
 
El incremento en el número de divorcios en las sociedades occidentales sugiere que estos ideales de estabilidad se han ido modificando. La imagen del mundo idílico de la familia ha quedado al mismo tiempo agrietada (Beck & Beck: 1990, 71). En México, el total de divorcios en 1950 era de 7,929 y en 1992 de 51,953. Se incrementó casi 7 veces. Para el caso específico del D.F., pasó de 849 a 6,375, incrementándose casi 8 veces. Es interesante notar que el caso de los divorcios “necesarios”, frente a los “voluntarios” en 1950 era de 4,841 frente a 3,088 mientras que en 1992 fue de 17,429 frente a 34,524, respectivamente. Lo cual muestra que el número de divorcios voluntarios tuvo un aumento considerable y para 1992 era casi el doble que el número de divorcios necesarios. Sin embargo, para el caso del D.F. el número de divorcios voluntarios siempre ha sido mayor que el caso de los divorcios necesarios. En 1950 el número de divorcios necesarios era de 206 frente a 643 voluntarios mientras que en 1992 era de 2,705 frente a 3,670.
 
Los divorcios en parejas que duran menos de un año son relativamente pocos o escasos en comparación a los que suceden en la relaciones de 10 o más años y en las de 1 a 5 años. Pareciera ser incluso que eso de la “comezón del séptimo año” no es más que pura palabrería psicológica que no tiene fundamento estadístico. Es decir, la gente se divorcia más entre el primer y quinto año de matrimonio que entre los 6 y 9 años. E incluso las parejas se divorcian más después de los 10 años. De 1980 hasta 1987, por ejemplo, en nuestro país la gente se divorciaba más entre el primer y quinto año de matrimonio. Desde 1987 a 1992 los que se divorciaban en este periodo y en el de 10 en adelante se fue equilibrando, pero la cantidad de divorcios en el periodo comprendido entre el sexto y el noveno año de matrimonio siempre fue menor. Y estos datos no corroboran algunas de las teorías psicológicas (los enfoques familiares sistémicos, por ejemplo), que sostienen que algunos de los ciclos o cambios de la familia se dan a los 7 años. El divorcio es uno de ellos. Para el caso de nuestro país, las principales causas de divorcio con mayor tradición desde 1950, sorpréndase usted, han sido el “mutuo consentimiento” y la “incompatibilidad de caracteres”. El “adulterio” ha competido tradicionalmente con la “negativa a contribuir al sostén del hogar”, pero proporcionalmente son menores los casos de divorcios en estos rubros que en los dos primeros mencionados. Desde 1953 hasta 1970 la principal causa del divorcio era la incompatibilidad de caracteres y después parece que todo se democratizó ya que de 1971 hasta 1992 el mutuo consentimiento ha despuntado de manera notable y proporcionalmente por encima de los demás rubros.
 
En el caso del D.F. el mutuo consentimiento ha conservado la tradición de ser la causa de divorcio más alta. Como dato curioso se puede comentar que de 1990 a 1992 en el D.F. no se reportó ningún caso de divorcio por incompatibilidad de caracteres. El adulterio como causal de divorcio quizá no despunte por dos razones: la primera porque puede contrariar la imagen “machista” que se tiene de nuestros mexicanos; y la segunda puede ser porque, en efecto, las imposiciones morales para el ejercicio de una sexualidad más libre en el sexo femenino tienen sus frutos. También puede esperarse que en un país cuyas prácticas religiosas sancionan simbólica y físicamente el adulterio, en realidad tomen su debida distancia con él. Quizá lo hagan, pero no lo dicen. Muchos de los matrimonios que se juran amor eterno, terminan en el divorcio. Incluso, la reproducción sexual, que más o menos era garantía de ese amor eterno que se habían jurado, parece no servir ya de contendor entre las parejas. La idealización de la vida en pareja ofrece una suerte de seguridad ontológica a los contrayentes ya que abre horizontes de significatividad en el ámbito de las esperanzas. Se mira como aquel lugar en donde se encuentra proximidad, calor y cariño, como un contramundo a los desiertos fríos de hormigón que nos rodean (Op. Cit. 71). La infidelidad es una situación común en muchas parejas, pero las normas morales y sociales favorecen que este tipo de situaciones se oculten y se lleven al plano de la doble vida de las personas. La infidelidad no es algo nuevo, pero se ha ido generalizando cada vez más. Cualquiera de nosotros sabe de al menos una situación de infidelidad en algún matrimonio lejano o propio y podemos creer que es suficiente motivo para pensar que el fenómeno es no sólo común sino cotidiano.
 
Así como sabemos que el número de divorcios se incrementa, debemos decir que el número de matrimonios también. De 1993 a 1998, la tasa de divorcialidad en México se ha movido del 4.9 al 6.5 y el número de matrimonios de 660 mil a un poco arriba de 700 mil. De manera proporcional, matrimonios y divorcios han crecido casi a la par. Frente a ello, nuevas estrategias del erotismo han surgido. Nuevos modelos de socialización sexual se han consolidado con el paso del tiempo. Y se dice nuevos por aquello de los 5 millones de años del establecimiento de la familia monógama. De las preferencias sexuales individualizadas (uno a uno), se dieron paulatinamente los cambios en este tipo de relaciones. El modelo de “matrimonios abiertos” (O’Neill & O’Neill 1974, 56), propuesto tempranamente en los años 70 puso en evidencia al matrimonio tradicional como un sistema cerrado cuyas posibilidades de elección y selección estaban demasiado restringidas. El modelo de matrimonio que se propuso en aquel entonces, se basaba en la noción de sistema abierto. El matrimonio abierto, parece obvio, no se mostraba muy de acuerdo con la exclusividad sexual que va implícita en las promesas de fidelidad y de amor propios de las sociedades occidentales. En este tipo de modelos matrimoniales hay algo interesante: la renovación del concepto de fidelidad. Y también el cuestionamiento de los modelos tradicionales de relación erótico, afectivo y sexual. El establecimiento de relaciones menos duraderas y quizá más placenteras se cristaliza en la imposibilidad de definir una relación entre dos personas. Hoy en día, frente a la pregunta obligada: ¿qué somos?, cada vez hay menos posibilidades de definir el tipo de vínculo entre dos personas que, sin llegar a la práctica tradicional del noviazgo, han sostenido durante algunos años, incluidas las relaciones sexuales entre ellos. Es más importante para nosotros la pregunta “¿tienes una relación? que “¿estás casado?” (Giddens: 1999: 73).
 
Los amantes amigables (Gergen: 1991, 96) son un buen ejemplo de las nuevas figuras que de pronto emergen en una cultura en extremo dinámica y poco estable. El incremento en los desplazamientos de las personas con fines de negocios, diversión, académicos, etc., ha ofrecido las condiciones para que se establezca una multiplicidad de “romances” amistosos en donde el compromiso es mínimo. Las relaciones “románticas” o amorosas entre las personas se han vuelto más cómodas. Al reducir los niveles de compromiso en las relaciones amorosas o románticas se vuelven menos rígidas y más atractivas para muchas personas. La fase del cortejo, que por muchos años fue imprescindible para establecer vínculos eróticos y afectivos entre las personas, se encuentra en vías de extinción o por lo menos se ha reducido en lo que a dimensiones temporales se refiere. Ha dejado de ser un imperativo de orden cultural esperar hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales. Llegar al matrimonio con el primer hombre o la primera mujer con quien se haya tenido relaciones sexuales se ha convertido casi en una ilusión o en un asunto de novela. El hecho de que el número de parejas sexuales se haya incrementado en la vida de los individuos, es el indicador de que la vida sexual de las personas, hoy en día, comienza a una edad más temprana que en el pasado. En épocas anteriores las personas se enamoraban y después tenían relaciones sexuales. No aplica para todos, pero en el mundo contemporáneo las personas primero tienen relaciones sexuales y después se enamoran. Los nuevos modelos de socialización sexual se han complejizado. Uno debe separar noviazgos con relación sexual de los noviazgos sin relación sexual. Las aventuras sexuales de una noche deben separarse de las de un solo beso. A los amantes hay que clasificarlos en amigables, ocasionales, espontáneos, etc. Las relaciones sexuales que se hayan establecido con diferentes personas se pueden clasificar en función de si había amor, cariño, pasión o simple curiosidad entre los protagonistas. En estos nuevos modos de relación hay lugar para el amor con amantes, el amor con favoritas, el amor de corazón (Beck & Beck: 1990, 237), el primer amor, el amor de toda la vida, etc.
 
Frente a la pregunta ¿cuánta(o)s novia(o)s has tenido en toda tu vida?, las personas corrientemente no saben qué contestar con exactitud. La concepción o el significado de noviazgo no sólo se ha modificado sino que compite ahora con otros nuevos modos de relación tan atractivos como él. Las relaciones, al prolongarse a lo largo de los años, tendían a la normalización (Gergen: 1991, 98), pero el incremento en el número de divorcios y los hogares conducidos sólo por hombres o mujeres, parecen indicar que las tendencias más bien apuntan hacia la desestabilización de las relaciones tradicionales y el surgimiento de unas nuevas. Aunque el matrimonio no ha perdido su cualidad distintiva: la de asegurar, aunque sea provisoriamente, la estabilidad del futuro emocional, pero ya no se le mira como un vínculo duradero sino como algo que puede romperse en cualquier momento. Muchas parejas contraen matrimonio bajo el régimen de “bienes separados”, lo cual es una forma de divorciarse simbólicamente en ese mismo instante. Es una forma de asegurar un futuro que se vislumbra incierto. Contraer matrimonio bajo una forma idealizada de amor eterno es una forma de congelar las emociones y proporcionarse una fuente de satisfacciones aseguradas. La tendencia inevitable de la búsqueda de estabilidad en un mundo extremadamente inestable. En otras palabras, es la búsqueda de certidumbre en un mundo plagado de incertidumbres.
 
Sabemos que los flujos de información se han incrementado (Habermas: 1998, 40), y que aunado a esto los desplazamientos de personas, que también se han vuelto constantes, han aumentado considerablemente como los contactos entre personas. Gracias a las tecnologías, los intercambios de información se han multiplicado. En este ir y venir de personas, de flujos de información y de capitales, también se ha desplegado un gran mercado erótico simplemente porque las personas van con sus emociones, sentimientos, perversiones, fantasías y morbo a todas partes. Los encuentros entre hombres y mujeres o entre mujeres y mujeres, o entre hombres y hombres, también han proliferado y los espacios para la coquetería y la seducción se han multiplicado. Los encuentros “informales” han adelgazado las líneas de las “relaciones responsables” o los compromisos duraderos porque han favorecido el anonimato en esos encuentros entre personas. Dichos encuentros informales duran lo que dura el congreso, los cursos de capacitación, los programas de especialización académica, etc., lo que permite que el número de relaciones, digamos “informales”, aumente y que estas relaciones entre amantes amigables puedan durar años. Las estrategias del erotismo van tomando nuevos rostros: la lúdica y la seducción fría (Baudrillard: ,149), son la nueva fórmula que abre el camino para el sexo sin amor. Estas estrategias del erotismo caben perfectamente en los modelos de sociedad postindustrial o en vías de industrialización, sólo requieren de la máscara de lo cosmopolita. Como los desplazamientos de personas requieren de espacios sociópetos y sociófugos (Gubern: 2000, 150-151), en ellos se dan cita las múltiples estrategias del erotismo o de la seducción. Los bares y las discotecas, por ejemplo, han dejado de ser los espacios, por excelencia, del mercado sexual. Las estaciones ferroviarias, los aeropuertos y hasta los interiores de los aviones, sólo por poner un caso demasiado raro, sirven de contenedor para el intercambio de miradas, números telefónicos, direcciones de correo electrónico, etc. Espacios semipúblicos o semiprivados (más tradicionales), como las oficinas repletas de burócratas, los salones de clases en las universidades, los cafés, etc., también dan lugar para que la sexualidad fluya como un objeto que puede intercambiarse, comprarse o incluso robarse. Los espacios de convivencia van adquiriendo un carácter sexual cada vez más notorio.
 
Las relaciones interpersonales fluctúan en una ambivalencia, casi patológica, cuya oscilación permanente va de la extroversión o la búsqueda frenética del contacto social hasta la introversión, que sería la tendencia a rehuir de ese contacto interpersonal. Una función central de la cultura agorafílica tradicional es precisamente la de proporcionar un territorio de socialización sexual a los individuos (Op. Cit. 165), pero por otro lado, la cibercultura hace lo contrario: favorece la creación y emergencia de comunidades sin proximidad física. Hay tres áreas principales en las que la comunicación emocional, y, por tanto, la intimidad, están reemplazando los viejos lazos que solían unir las vidas privadas de la gente – las relaciones sexuales y amorosas, las relaciones padre-hijo y la amistad (Giddens: 1999, 74). La intimidad se ha transformado y tiene nuevos adeptos, pero los modos y las estrategias de la socialización sexual también tienen nuevos rostros. El ideal de una sociedad sin proximidad física se combina perfectamente y compite hábilmente con su contraparte mientras los modos de comunicación sensorio – afectiva van cambiando paulatinamente. El flirt o el coqueteo son posibles ya sin contacto visual, es decir, sin proximidad física. Los espacios virtuales de interacción como los chat rooms o los servicios de mensajería electrónica en vivo facilitan muchas situaciones de intercambio sensorio – afectivo. En las culturas occidentales los recursos limitados como el tiempo son valiosos (Lakoff y Johnson: 1980, 44-45). Dichos recursos van desde las entidades materiales como el oro o el dinero, hasta algunas más inmateriales como el amor o la felicidad. El amor y la felicidad se buscan con especial frenesí y en una sociedad que se parece a un desierto lleno de gente es fácil buscar lo que no se tiene. Un ideal central de nuestra sociedad es el amor romántico (Beck & Beck: 1990, 113), pero ha perdido fuerza no sólo porque los registros estadísticos lo corroboren sino porque cada vez más personas viven solas o en unión libre. El ideal de amor romántico aún lleva al altar a un sinfín de parejas que buscan la perpetuación de sus sentimientos a través del matrimonio que es un contrato con la sociedad civil que se refuerza con los imperativos burgueses de la moral. A finales de los 80 en México, los divorcios de parejas que llevaban 10 años y más de matrimonio, se incrementaron en comparación de los divorcios de 1 a 5 años. Aspecto interesante en relación a los imperativos morales ya que pareciera ser que las normas se flexibilizaron. No es fortuito que relaciones más o menos estables pudieran llegar al divorcio, cuestionando seriamente ese ideal del amor romántico del cual hemos estado hablando.
 
Ofertas culturales para el comercio de la sexualidad y nuevos radios de acción
 
Por mucho tiempo las restricciones morales y religiosas sancionaron el divorcio. La supuesta democratización de las sociedades pone ahora al divorcio, en su caso, como una buena opción para escapar de un conjunto de abusos como los de tipo físico y psicológico. El divorcio también puede mirarse como una garantía de la salud emocional y el buen desarrollo individual que se traduce en una ampliación del radio de vida (Op. Cit. 114). Pero este nuevo radio de vida para divorciados, viudos y solteros involuntarios trae consigo sus propios riesgos, conflictos y una historia que habla por las rupturas en su currículum emocional y afectivo. Estos procesos de liberación afectiva no sólo abren las posibilidades de acción y elección sino que propician la acumulación de derrotas en el terreno afectivo de los individuos que se ven involucrados en esas historias o situaciones particulares. Los servicios para gente sola, como las Hot Lines y Puntos o Líneas de encuentro en muchos países, forman parte de las nuevas ofertas culturales en torno al comercio de la sexualidad. La gran demanda de este tipo de servicios habla de la configuración de nuevos tipos de necesidades en el terreno de la sexualidad, el amor y el erotismo. En los diarios mexicanos, las Hot Lines aparecieron entre abril y junio de 1995 en el periódico El Universal. Antes de pasar a formar parte del dominio público contaban con una difusión más restringida. Los costos eran altos por tener carácter internacional. El precio por estos servicios era más elevado que ahora debido a que no se contaba con una infraestructura en nuestro país que permitiera abaratar los costos y se requería pagar un precio más alto por acceder a este tipo de servicios. Al detectarse que esto podría ser un buen negocio, se comenzó a construir la infraestructura necesaria para abaratar los costos de los servicios y se comenzaron a abrir nuevos mercados sexuales.
 
Posteriormente, con la sofisticación de la infraestructura que se encuentra detrás de este tipo de servicios, el tono de las conversaciones que uno podía escuchar por el teléfono fue en ascenso y se vieron dominadas cada vez más por aspectos y situaciones relacionadas con lo sexual. Las Hot Lines ofrecen un servicio que se cobra por minuto y sus costos son variables. La publicidad de este tipo de servicios, por lo regular, está dirigida a mayores de edad y población adulta. No obstante las Hot Lines se han convertido en un modo de socialización sexual iniciática para los adolescentes ávidos de acumular experiencias en la materia. Este tipo de servicios fue posible gracias al teléfono. Graham Bell seguramente nunca imaginó que su invento pasaría a formar parte de toda una cultura sexualizada y llegaría a ser un medio para realizar y alimentar las fantasías eróticas de millones de personas en todo el mundo. Lo que no supo Graham Bell fue que gracias a su invento la socialización sexual se iba a modificar radicalmente y que el teléfono iba a pasar a ser un objeto más de la larga lista que favorecen las relaciones afectivas desprovistas de cuerpo. Gracias al teléfono las relaciones sociales fueron abriéndose paso en los dominios de la virtualidad. A diferencia de la radio, el teléfono modificó radicalmente los estándares de la comunicación entre las personas. Amplió los horizontes comunicativos de la gente y favoreció la multiplicación de los vínculos sociales. Agilizó innumerables transacciones y los flujos de información. Se fue infiltrando en la vida afectiva de las personas hasta modificar su intimidad.
 
En este momento no es un disparate afirmar que el sexo por teléfono, con todas sus limitaciones e incomodidades, es un método de prevención del contagio de enfermedades venéreas, del embarazo o del VIH. Pero eso tampoco lo pensó el profesor de fisiología vocal que por muchos años se dedicó a divulgar el sistema diseñado por su padre, denominado “lenguaje visible”. ¿Cómo saber que las preocupaciones de Bell por la forma en que se utilizaban los labios, la garganta y la lengua en la articulación del sonido iban a desembocar en prácticas sexualizadas del habla? A Graham Bell la industria de las Hot Lines le debe bastante.
 
Las Hot Lines se han consolidado como un refugio para millones de usuarios desprovistos de cualidades o atributos físicos valorados y reconocidos en nuestra sociedad. El anonimato en esta modalidad de socialización sexual es una garantía de la desaparición del estigma. La estatura, el peso corporal, el color de piel, etc., detrás de un teléfono, pasan a segundo término. Lo que importa es otro conjunto de atributos como la creatividad, la inventiva y el tono de voz. Las Hot Lines han servido como un arma poderosa para contrarrestar los efectos segregacionistas de una sociedad consumista hipnotizada por los modelos o prototipos de hombres y mujeres difundidos en los medios de comunicación. El destino del divorcio, la viudez o la soltería involuntaria (Goffman,        ), frente a las nuevas ofertas culturales de índole sexual, no pueden ser ya el aislamiento o la marginación sino la ampliación del radio de vida en materia de experiencias en diferentes frentes: social, cultural y sexual. El ascenso del número de divorcios en la sociedad occidental sugiere intensamente que el ser humano tiende a sucesivas relaciones monógamas (Gubern: 2000, 169) y podríamos agregar con suficiente comodidad que polígamas también.
 
Sabemos que la familia nuclear ha tenido serias modificaciones y que las familias tradicionales conformadas por los padres biológicos y su respectiva descendencia se han modificado. Ahora son los hijos los que tienen padres adoptivos producto de las transformaciones de la familia tradicional. Aún se le otorga valor a los lazos consanguíneos, pero cada vez se le da más importancia a las funciones simbólicas que desempeñan los padres adoptivos. En muchas ocasiones también pasan a segundo término los lazos genéticos que unen a los padres y a los hijos si los lazos simbólicos con las madres o los padres adoptivos son más fuertes ya que el peso que se otorga al desempeño y ejecución de estos roles tiene que ver más con aspectos o funciones emocionales que con la información genética alojada en los cromosomas. En la sexualidad, en las relaciones sociales, en el matrimonio y en la familia (Giddens: 1999, 65-79), se han producido cambios en la forma como establecemos lazos y relaciones con los demás. Anteriormente los hijos de padres divorciados eran una rareza en las escuelas. Ahora son un común denominador o en todo caso un indicador de que la familia nuclear ha sufrido transformaciones profundas. Frente a ello, nuevas formas de relación entre padres e hijos conducen a la generación de estrategias de convivencia. El tiempo de convivencia se administra por medio del establecimiento de acuerdos. La maternidad en soltería se ha convertido en una condición generalizada en las sociedades latinoamericanas. De tal modo que hay “padres de fin de semana” y “madres de entre semana”. Esta situación por la que atraviesan miles de familias en nuestro país y muchos otros ha contribuido a que los hijos de padres divorciados se adapten a las dinámicas sociales propias de nuestro tiempo. El fenómeno del divorcio, con su incremento paulatino, se ha vuelto algo familiar. Varios diagnósticos (Beck & Beck: 1990, 114; Giddens: 1999, 66-68); coinciden en señalar que el matrimonio en las sociedades preindustriales no era la unión entre dos personas sino una unión entre dos familias o dos estirpes. La gente no se casaba por amor sino por múltiples intereses, sobre todo de tipo económico, que redituaban beneficios diversos para las familias de los contrayentes o los contrayentes mismos. La unión por amor parece ser no más que un ideal romántico relacionado con el juego democrático en términos de la libertad de elección en lo que a la pareja se refiere. Los matrimonios por común acuerdo entre dos familias quizá estén en extinción. No así los matrimonios por interés o conveniencia. Es sabido que la gente se relaciona y contrae matrimonio con gente de su misma condición, rango social, etc. Y es sabido también que existen comunidades religiosas que no aceptan en sus filas, como candidatos matrimoniales, a miembros practicantes de otros cultos o costumbres. Los matrimonios interreligiosos han comenzado a dejar de ser una rareza sobre todo porque las comunidades religiosas ahora admiten este tipo de uniones. Lo cual debe tener sus ventajas en el momento de engrosar las estadísticas de la fe. Sin embargo, el matrimonio no es sólo el producto de la decisión de común acuerdo entre dos enamorados porque tiene implicaciones a nivel político, económico, social y no se diga a nivel emocional. En esa decisión que se reviste con el ideal romántico de las narrativas amorosas, van incluidos muchos intereses de por medio (desde el prestigio hasta los anhelos de ampliar los bienes y de mejorar la posición social o económica). Muchas mujeres permiten la infidelidad a costa de no perder una posición social o, por lo menos, una fuente económica de ingresos segura que les permita sobrevivir.
 
De acuerdo con el censo de población y vivienda del 2000, el porcentaje de hogares con jefatura femenina se incrementó un poco más de 3 puntos porcentuales, pasó de 17.3 a 20.6% en 10 años, mientras que el promedio del número de hijos por mujer aumentó en 0.01%. El Porcentaje femenino de población ocupada cuya ocupación principal es profesional o técnica, se redujo en poco más de 1 punto porcentual, de 20 a 18.9%. El porcentaje de hogares familiares con jefatura femenina que son nucleares se redujo notablemente de 65.1 a 57.6% de 1990 al 2000. Es decir, los hogares con jefatura femenina van en aumento mientras que los hogares nucleares con jefatura femenina van en descenso. El porcentaje de hogares familiares con jefatura masculina que son nucleares también mostró un caída de 87.8 a 77.4%, sin embargo los hogares con jefatura masculina se redujo de 82.7 a 79.4%, mostrando una tendencia muy diferente a la situación de las mujeres. Los hogares dirigidos por mujeres aumenta mientras que los hogares dirigidos por hombres decrece. Ahora bien, si tomamos en cuenta que en total, la población registrada por el INEGI en el año 2000 fue de 97’ 483 412, de los cuales 47’ 592 253 son hombres y 49’ 891 159 son mujeres, podemos ver también que el número de mujeres ha crecido y superado al número de hombres, pero lo interesante es que esto tiene un impacto en la modificación de las relaciones entre géneros. A partir de los datos puede observarse que son cada vez más las mujeres las que se ocupan de los hogares y de sus hijos, pero las normas culturales así lo permiten en tanto que después de la separación de los cónyuges, por lo regular, los hijos permanecen con la madre, sobre todo si son menores de edad. En 1995, el porcentaje de hogares familiares nucleares fue de 73.8, de un total de 19’ 848,319 hogares. Para el año 2000, la población masculina de separados, viudos y divorciados era de 1’305,477 frente a 4’173,516 mujeres. En relación a la población total, el número de mujeres es ligeramente mayor al de hombres, proporcionalmente hablando, pero también lo es el de personas separadas, viudas y divorciadas.
 
La llamada revolución sexual de los años 60 trajo consigo, entre otras cosas, la diversificación de los tipos de prácticas sexuales que de algún modo se contraponían o cuestionaban las prácticas sexuales tradicionales. En los años 70, por ejemplo, los “matrimonios abiertos” aparecieron como una nueva modalidad de relación que se anteponía al de “matrimonio cerrado”. El calificativo intelectual de abiertos (o el tecnicismo a partir del cual se les pretendió estudiar), lo obtuvieron gracias a las prácticas sexuales que se comenzaron a ejercer como un modo de cuestionamiento a prácticas más tradicionales. Las prácticas sexuales entre tres personas, por ejemplo, no eran nuevas, sino que a partir de dicha revolución sexual comenzaron a tener mayor recepción en múltiples sectores sociales. Las orgías como prácticas sociales y sexuales se remontan a la Grecia y a la Roma antiguas. En realidad el término de origen griego hace alusión a los ritos secretos en honor de una deidad, por lo regular de la fertilidad. Y es obvio que las orgías, en la actualidad, no convocan a ninguna deidad. De ahí su diferencia. De cualquier modo si la instauración de la familia monógama se dio hace unos 5 millones de años (Gubern, 2000:167), podemos considerar con bastante comodidad que este tipo de relaciones es de invención reciente: 2 mil años o un poco más, frente a 5 millones de años no son nada. Después de tantos años de encuentro sensual individualizado recurrente parece algo muy normal que los encuentros sexuales fueran adoptando otras formas. Menos individuales y más colectivas. Lo humano surge en la historia evolutiva en un modo de vivir centrado en los hechos de compartir alimentos, en la colaboración entre hembras y machos en la crianza de sus hijos, pero también en la coordinación de acciones en la intimidad de la convivencia sensual y sexual (Maturana, 1988:94; 1997:88). Pareciera ser que así como el coito frontal, que también es de una invención demasiado reciente (Gubern, 2000:167) que data de unos 300 mil años aproximadamente, constituyó una innovación importante en la historia de la sexualidad humana. No obstante las relaciones múltiples y colectivas tienen y tuvieron también un carácter innovador.
 
Así como el coito frontal fue desplazando paulatinamente al coito anal y permitió importantes ventajas adaptativas, otorgando al beso en la boca en el momento del acto sexual una relevancia que no tenía, también hizo posible que se diera una mayor extensión del contacto corporal, pero las prácticas sexuales se fueron individualizando. No es fortuito que la noción de fidelidad haga alusión a las prácticas sexuales con una sola pareja. Es cierto que en las sociedades occidentales las preferencias sexuales individualizadas arraigaron en la cultura profundamente. Las restricciones morales y religiosas (sobre todo las provenientes del cristianismo), favorecieron este tipo de hábitos. Las relaciones monogámicas tuvieron éxito comercial e ideológico en un sinfín de sociedades, incluida, claro está, la nuestra. Desde la estabilidad monogámica marital hasta la unión duradera, pasando por la gratificación de las prácticas sexuales con fines de reproducción, se convirtieron en el paquete de valores ideológicos que era necesario inculcar a múltiples generaciones.
 
Como la situación de matrimonios abiertos consideraba la incorporación de terceros en la vida sexual de pareja, la noción de fidelidad tradicional comenzó a modificarse. Las relaciones abiertas permitieron que en vez de 1 cuerpo hubiera más en el momento del acto sexual. Sabemos que sostener una relación de amantes implica una situación de infidelidad. Pero veamos que en los matrimonios abiertos la situación cambia radicalmente. Y cambia de esta manera porque la pareja está enterada, pero no sólo eso, es partícipe de esa relación. Las parejas swingers (sw), una modalidad de los matrimonios abiertos, son un caso de ello. En el swinging, una pareja casada, deliberada y conscientemente, busca otros compañeros para tener relaciones sexuales en conjunto. El objetivo básico es la acción sexual, aunque también pueden ir implicadas otras relaciones sociales. De acuerdo con el enfoque e incluso con las preferencias teóricas se establecen diferentes tipos de practicar el swinger. No obstante parece haber coincidencia, incluso con los hallazgos previos que ha arrojado esta investigación de que las formas en que se da el swinger son de tres tipos básicamente: de pareja a pareja (exclusivamente dos parejas), de grupo (determinado número de parejas), y colectivo (el que se practica en los clubes). Los tríos se han excluido del análisis debido a que en realidad la noción de intercambio, básica para el swinger, no es determinante para el establecimiento de este tipo de relaciones. En algunos casos se habla de una tipología de prácticas swinger, básicamente, por la implicación emocional de los participantes (Varni, 1972:520 - 521). El swinger hard – core que se caracteriza por no buscar implicaciones emocionales con sus parejas, por tener un bajo nivel de selectividad y realizar el intercambio con el mayor número de parejas posibles. El egoísta busca una pequeña implicación emocional con sus parejas y es celosamente selectivo. Como perfectos egoístas buscan la gratificación personal, sexualmente hablando, pero también buscan satisfacer su ego al sentirse sexys y provocar deseo en otras personas. Los recreacionales hacen hincapié en los aspectos sociales del intercambio, forman grupos más o menos estables y se mantienen más o menos cerrados como comunidad. Los interpersonales buscan y enfatizan en las relaciones emocionales estrechas de manera sincera y honesta. Por último, los comunales que, a diferencia de los interpersonales, abogan por una suerte de matrimonio en grupo, pero que es una idea rechazada por la mayoría de las parejas swingers.
 
Tanto los matrimonios abiertos como los swingers son un ejemplo de la modificación de las relaciones íntimas en tanto que dejan ver que el matrimonio tradicional, determinado por agentes externos como el acuerdo entre familias o intereses económicos, políticos, religiosos o sociales, ha tenido que competir paulatinamente con otras formas de relación sexual y afectiva. Ese conjunto de relaciones íntimas cuya base parece ser, por lo menos a nivel social, la que se basa en los vínculos sentimentales, que traspasa en ocasiones los límites de clase y rango (Beck & Beck: 1990, 117), abrió sus horizontes también. Parece ser que más allá de la voz del corazón se encuentran las voces de las pasiones, las fantasías y la búsqueda de nuevas experiencias en materia sexual.
 
Sexo y vida cotidiana en imágenes
 
La búsqueda de nuevas experiencias sexuales aparece ofertada en los medios de comunicación visual e impresa. El cine, el video y la televisión se han consolidado como un conjunto de elementos donde transcurre la sexualidad masificada. Lentamente se han convertido en el punto de referencia erótico y fantástico para millones de personas ávidas de abrir sus horizontes y experiencias sexuales. Las fantasías que ocurrían en la imaginación o que se realizaban en la intimidad de los espacios públicos y privados, pronto saltaron a las pantallas del cine y la televisión, pero el cine, sobre todo, se convirtió en un novedoso espacio de experimentación en donde se mostraron los nuevos horizontes de la sexualidad. Tanto el cine pornográfico, como los videos caseros y el cine erótico de arte, se encargaron de ello. La pornografía salió de la escena pública para desplazarse hacia la vida privada. Lo que anteriormente era consumido por muchos y en salas comunes, lo es cada vez más en la casa y la intimidad (Arcan: 1991,49). No es una sola pareja sino miles, quizá millones, las que en la fase previa a la relación sexual han incorporado la estimulación visual por medio del video erótico o pornográfico. Dichos videos han pasado a formar parte del juego de la estimulación sexual por medio de imágenes, a veces eróticas, a veces pornográficas. Los videocasetes (Videocasette recorder, VCR o Videotape recorder, VTR) comenzaron a comercializarse a gran escala en 1979. Las video cámaras pronto desplazaron a los equipos de grabación de 8 mm. En la década de los 60, la utilización del videocasete se convirtió en un modo estándar de grabación. Para la década de los 70, el videocasete se convirtió en la forma dominante de videograbación. El compact disc (CD), fue inventado en 1979. En un primer momento se utilizó como modo de grabación de música, lo cual revolucionó no sólo la industria musical sino que desplazó a los Long Play (LP’s). Posteriormente, con el surgimiento del Digital Versatil Disc (DVD), el CD ha comenzado a ser utilizado, sobre todo para grabar películas por la alta definición de la imagen y su capacidad de almacenaje, sin embargo no es lejano el día en que el VTR sea desplazado como modo dominante de grabación. La pornografía y el cine erótico pudieron distribuirse de manera más sencilla y pudieron llegar a más gente gracias a las revoluciones tecnológicas que formaron parte del proceso de su circulación y consumo. La pornografía y el cine erótico, gracias a las tecnologías, se volvieron de fácil acceso. La pornografía se digitalizó.
 
Desde la serie francesa Emanuel, pasando por La última tentación de Cristo, El imperio de los sentidos, Garganta Profunda, 9 ½ semanas, hasta llegar a Romance, encontramos un vasto repertorio de estos ejercicios de experimentación visual, erótica, artística y pornográfica. Sin duda, Deep Throat, cuyo estreno fue en el New Mature Theater de New York, en 1972, no sólo llevó a Linda Lovelace a convertirse en un icono del cine pronogáfico sino que abrió un nuevo mercado en el mundo cinematográfico. Se cuenta que Frank Sinatra y Truman Capote (entre muchos más), asistieron a la única sala donde se exhibía durante las primeras semanas de su lanzamiento. La película fue presentada en el festival de Cannes dos años después de su estreno agotando la venta de los boletos en taquilla rápidamente. Después de todo, el público de cine de esa época demandaba otro tipo de espectáculo: no más comedias musicales ni películas de cowboys, romanos o soldados de la segunda guerra mundial. El sexo explícito había irrumpido en la vida pública y sus escenarios en un momento en el que el cuidado de las escenas románticas era extremo. En una película, después de un beso apasionado, la cámara se alejaba púdicamente de los amantes con un movimiento panorámico para encuadrar el fuego chisporroteante en la chimenea o las olas del mar rompiendo contra las rocas, como socorridos símbolos figurativos de la pasión erótica (Gubern: 2000, 178). El inicio de la década de los 70 marcó una huella imborrable para la pornografía y abrió un nuevo mercado en la industria cinematográfica que años después iba a entrar en crisis gracias a la aparición del video. Latex, cinta de Michael Ninn, cuyo libreto escribió Antonio Passolini, a pesar de no ser una película tan relevante como Garganta Profunda en la industria del cine pornográfico, es interesante no sólo por ayudar a difundir las imágenes comercializadas del mundo del sadomasoquismo o mostrar cyborgs sino porque la pareja de Malcom, el protagonista que puede “mirar” las fantasías de los demás con solo tocarlos, en una escena dramática pésima, llora por no poder ser una pareja normal. Sucede que la cinta mezcla pornografía y amor o pornografía y sentimientos, que es como mezclar agua y aceite.
 
Ya en la década de los 80’s, Taboo marcó otro punto ineresante para el cine pornográfico ya que abordó el tema del incesto. Quizá fue la primera cinta de la industria del cine norteamericano que presentó una escena donde una madre abandonada por su esposo y su propio hijo, tenían relaciones sexuales. Claro que la escena, con todos sus aditamentos, resultó bastante escandalosa hace 20 años, pero lo cierto es que la industria de la pornografía recurre constantemente a estas fórmulas para tener éxito entre sus públicos. Ya sea en internet, en los videoclubes o las revistas pornográficas, es común encontrar desde web sites o videos que anuncian familias cuyos miembros tienen sexo entre ellos. Aunque el incesto y el abuso sexual al interior de las familias es un problema grave en nuestro país y en todo el mundo1, la industria pornográfica saca un jugoso provecho de ello para hacer un verdadero negocio. La industria de la pornografía, además de ser un problema para muchos gobiernos, también es algo que se vale del espectáculo para tener éxito. La industria pornográfica se aprovecha de la ingenuidad de sus públicos que termina por creer en la veracidad de las imágenes preparadas y actuadas para satisfacer un conjunto de “perversiones” creadas no por los consumidores sino por la misma industria de la pornografía. Es necesario ser demasiado ingenuo para creerse el cuento del incesto documentado en una revista pornográfica o en un sitio web, así como hay que ser muy optimistas para pagar por fotografías “auténticas” de mujeres en un probador de ropa de un centro comercial. Pornográfica no es la imagen sino lo que se construye en torno a ella. La pornografía echa mano del discurso para tener éxito y la industria de la pornografía ha construido sus propias narrativas para alimentar las fantasías de sus públicos - clientes. La industria pornográfica con frecuencia construye historias fantásticas en torno a las imágenes y en eso se parece a la ficción. Sin embargo, para no descalificar a la pornografía, se debe decir que hay otra pornografía menos fantástica y más real. Danni Ashe, la “reina del porno digital” se volvió millonaria vendiendo imágenes pornográficas de sí misma a través de internet. Lo sorprendente es que Danni ahora brinda conferencias y asesoramiento a ejecutivos y personas que no se dedican al negocio de la pornografía.
 
En el muy comentado, propositivo y original film de Ctherine Breillat, Romance (1999), la vuelta al realismo no sólo deja ver la delgada línea que existe entre el arte y la pornografía sino que pone al descubierto escenas en donde los orgasmos no son fingidos, tal como sucede muchas veces en el caso del cine pornográfico. Según la cineasta y escritora (La Tercera, 2000), el “realismo” del cine pornográfico no es más que una falsa realidad porque muestra “escenas” que en la realidad no se llevan a cabo de esa manera. La pornografía apareció en casetes de video en 1977 (Arcan: 1991, 39), mismo año del cual se tienen las primeras referencias del cine snuff, donde se inmortaliza la muerte permitiendo su contemplación (Gubern: 2000, 184-185). Estos datos son interesantes en tanto que nos sirven como un indicador de que a finales de la década de los 70, comenzó a consolidarse una revolución erótico – visual. La difusión masiva de escenas sexuales y la incorporación de escenas eróticas y pornográficas en las películas y videos, fue no sólo un modo de comercializar un conjunto de imágenes a través de los medios visuales sino también la manera de compartir experiencias personales salidas de la imaginación de sus creadores. Lo cual, de alguna manera, tuvo su correspondiente impacto en el público que comenzó a tomar en préstamo las fantasías sexuales y eróticas de otros para incorporarlas en sus vidas privadas. Es cierto que las partes traseras de los automóviles surgieron como un lugar común donde muchas chicas norteamericanas perdieron su virginidad, pero pronto esto se puso en la pantalla y, siguiendo este modelo de acción, se fue convirtiendo cada vez más en una práctica generalizada propia y característica de esa cultura.
 
El cine contribuyó con su granito de arena a transformar las relaciones erótico – afectivas entre las personas. Basta pensar en las propias fantasías y sus lugares de procedencia para darse cuenta que algunas de ellas podrían tener su origen en algún film erótico o pornográfico. En el cine se difundieron múltiples imágenes alusivas a los distintos modos de llevar a cabo una relación sexual. En México, después de que el cine de rumberas y ficheras diera lo suyo, un puñado de directores trajo a la pantalla diversas propuestas, bajo el pretexto de incorporar nuevas técnicas en el manejo de cámara o utilizar recursos diversos, que hicieron del sexo algo más explícito y que no lo dejaba a la imaginación del espectador. La tarea (1990), y su secuela La tarea prohibida (1992), de Jaime Humberto Hermosillo, alcanzaron gran popularidad entre los sectores de clase media e incluso el film fue calificado de pornográfico por los sectores conservadores del país. La espectacularidad de la película no radica en la pésima historia de la misma sino en las imágenes que muestran a dos personas teniendo sexo de manera explícita sin llegar a la obviedad pornográfica, en una incómoda hamaca. A principios de los 90, bajo el género de comedia erótica, encontramos también Sólo con tu Pareja, de Alfonso Cuarón donde se muestran, bajo una perspectiva bastante empobrecida, las peripecias por las que tiene que pasar un yuppie mujeriego después de que una de sus despechadas conquistas marca positivo en sus análisis de VIH. Las realizaciones cinematográficas de la década de los 90 como Sexo, pudor y lágrimas (1998), de Antonio Serrano, La primera noche (1998), y La segunda noche (1999), de Alejandro Gamboa, fueron sólo unos de los pocos ejemplos de los fallidos intentos más comerciales del cine mexicano por erotizar sus pantallas e implicar a diversos públicos, sobre todo los juveniles, en historias absurdas y aburridas cuya temática central es el sexo. Salvo las propuestas del exiliado Luis Buñuel, parece ser que en materia de erotismo, el cine mexicano ha sido poco sugerente. No es fortuito que la mayoría del material pornográfico y cine de arte erótico que se consume en nuestro país sea extranjero.
 
A diferencia del rotundo fracaso del cine erótico mexicano, el cómic pornográfico ha tenido un rotundo éxito. La llamada vertiente de sensación (presentada en un formato de 12.5 x 14 cm., con páginas engomadas e impresa a color, un icono en la cultura cotidiana del metro de la ciudad de México), una producción encabezada por 3 casas editoriales (Ejea, Toukan y Mango), que se presenta con una diversidad de títulos sorprendente ha acaparado un sector amplio de lectores de las clases populares. Tanto el formato de bolsillo como el precio, han favorecido su consumo y circulación en los mercados. Aunque no he podido precisar una cantidad exacta del tiraje de estos materiales o historietas, sé que en conjunto venden aproximadamente 3 millones de ejemplares semanalmente lo que se traduce en ganancias millonarias para las casa editoriales. Estas revistas se valen de la promoción del sexo explícito que en ocasiones raya en la violencia. Algo muy característico de estos materiales es que presentan mujeres de medidas exuberantes y en extremo exageradas. En comparación con el cómic erótico japonés, de mucha mayor calidad y más elaboración, nuestros cómics pornográficos presentan mujeres de senos, nalgas y caderas prominentes cuya cintura en extremo diminuta pone en evidencia no sólo la amplia falta de conocimiento de fisiología de sus diseñadores sino que hace de las “caricaturas” que ahí presentan, candidatas a un museo de lo increíble. En los cómocs pornográficos, el sexo, en su expresión más vulgarizada, es un recurso que se explota en títulos, diálogos absurdos, historias nefastas y ropas diminutas, que contrastan altamente con los colores llamativos de la impresión. A pesar de ello, la vertiente de sensación (sensacionales de sirvientas, luchadores, traileros, etc.), llega a muchas más personas que un libro cuyo tiraje corriente es aproximadamente de 2000 ejemplares en cada edición. El trabajo de los censores de la Secretaría de Gobernación parece estar concentrado en los medios masivos de información como el cine, la radio y la televisión principalmente, mientras que muchos medios impresos gozan de ciertas libertades en comparación con los anteriores en cuanto a referencias al sexo o mensajes de doble sentido se manejan en ellos. Los pornocómics parecen ser producto de la censura de la sexualidad en los medios oficiales. La distribución de estos materiales tiene un mercado underground bastante rentable, pero por si fuera poco, las dimensiones del impacto psicológico, emocional, social y sexual, en sus consumidores aún las desconocemos. No obstante, sí podemos afirmar que gracias a las dimensiones de circulación que tienen, deben satisfacer determinadas necesidades de un público ávido de consumir pornocomedia. No podemos saber hasta dónde un consumidor asiduo del pornocómic puede llegar gracias a la influencia de estos materiales. No sabemos hasta dónde incorpora elementos de su material de lectura en su vida cotidiana. Pero hay algunos sucesos que nos permiten pensar que pudieran estar relacionados. El 29 de enero del 2002, de dos golpes mortales en la cabeza, un adolescente de 16 años terminó con la vida de una también adolescente de 13 en Monterrey, influenciado quizá por un personaje llamado Iori Yagami, el Noveno Dragón. Al igual que el protagonista del cómic, Julio Castrillón Escobar, solía pintarse el cabello de color rojo, coleccionaba imágenes de héroes oscuros y se dice que inhalaba algunas sustancias e incluso tomaba pastillas. De hecho el nick que utilizaba el adolescente en algún chat room era “IoRi”. La tarde de ese día, en vez de almádena, un mazo que quiebra corazones y piedras de acuerdo con la historia, Julio utilizó una “pesa” para ejercitar los bíceps para dar dos golpes en la cabeza de Ana Nassar Campos. Posteriormente le propiciaría más golpes en la frente, la boca e incluso utilizaría un cuchillo para blandirlo en el cuerpo de la difunta. Iori Yagami es un personaje singular. De sus amistades hace brotar las enemistades, tiene una novia a la que no ama y una banda de rock. Sueña con ser normal y es asesino de sus propios aliados, utiliza la almádena para eliminarlos. ¿De qué manera pueden transformar la vida de las personas las historias que se presentan en las tiras cómicas, el cine o el video? ¿Hasta dónde pueden transformarlas? Eso sigue siendo un misterio, pero no podemos negar la influencia que tienen en nuestras vidas el conjunto de materiales que ofrecen los medios de difusión audiovisual.
 
Las tiras cómicas datan de finales del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX. El suizo Rodolphe Töpffer dividió sus dibujos en cuadros a los cuales añadió una narrativa en cada uno de ellos para dar coherencia a una historia. Sus antecedentes fueron los dibujos, aún sin animación, que ironizaban los regímenes de estado o situaciones cotidianas. Gracias a la invención de la imprenta en el siglo XV, los folletos, panfletos y volantes europeos que se imprimían de los siglos XVI al XVIII, contenían imágenes para captar la atención del público. En los Estados Unidos, las tiras cómicas evolucionaron hacia finales del siglo XIX gracias a la competencia establecida entre los periódicos de Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst. De las tiras cómicas en blanco y negro se pasó muy pronto a las tiras cómicas en color. De las tiras cómicas sin movimiento se llegó muy rápido a las tiras cómicas animadas, mejor conocidas como dibujos animados. A inicios del siglo XX, uno de los temas centrales en las tiras cómicas fue la familia, no obstante en Inglaterra ya contaban con un superhéroe, Ally Sloper, dibujado y caracterizado por Charles H. Ross en 1867. A dicho personaje se le siguió dando vida más o menos hasta 1923. Hacia 1929, Harold Foster creó Tarzan, cuando las tiras cómicas ya habían incorporado el tratamiento de temas diversos. Dick Tracy, de Chester Gould, nació en la década de los 30’s. La ciencia ficción también se fue popularizando gracias a Flash Gordon, de Alex Raymond. Mandrake the magician y The Phantom, de Lee Falk, fueron la combinación de historias de aventuras, misterio y fantasía (c. fr. Barbieri: 1993; Frattini & Palmer: 1999). Sin embargo Tarzan puede ser mirado como un caso excepcional porque ya incorporaba una dosis de desnudez bastante notoria en las tiras cómicas. Desnudez que implicaba un tratamiento cuidadoso para no hacerlo parecer pornográfico sino heroico. Tarzan: una versión primitiva de Jesucristo, un incivilizado de buen corazón que no sólo luchaba con los animales sino que provenía de una familia de monos, podría ser considerado como uno de los antecedentes más directos del pornocómic. Si Jesucristo puede ser considerado como el primer icono pornográfico más difundido, Tarzan puede serlo para el mundo de los cómics. Durante su evolución, las tiras cómicas fueron adquiriendo cada vez más, un carácter erótico que posteriormente rayó en lo pornográfico. Cabe señalar que en el dibujo animado japonés, el fenómeno de erotización de sus contenidos se ha condensado más que en ningún otro lado.
 
Pornografía, arte y erotismo
 
Durante mucho tiempo, para escapar de la censura, bastaba con admitir que las imágenes con cierto tipo de contenido sexual eran artísticas o que representaban la vida de algún mártir de la iglesia (Arcan: 1991, 31). Es claro que la relación entre pornografía y religión está sancionada, pero mirando bien, en muchas imágenes religiosas es fácil encontrar un alto contenidos sexual. Hace algunos años, un proyecto cinematográfico danés llamado La vie sexuelle de Jesús-Christ, que nunca alcanzó su nivel de realización, creó un escándalo considerable, (Op. Cit. 34), por mezclar la religión con la sexualidad. Algo inaceptable para las religiones y la Iglesia como institución. En los años 80, por su parte, Robert Mapplethorpe se convirtió en uno de los aristas más polémicos en los Estados Unidos. Sus fotografías fueron denunciadas en varias ocasiones ante el Senado de Norteamérica por el supuesto contenido obsceno y pornográfico de sus obras. Sabemos que establecer la diferencia entre arte y pornografía es difícil. La línea que los divide es endeble y depende, en buena medida, del observador. Las obras de arte, cuando no despiertan nada más que otras vibraciones puramente físicas (<<bajas>> como se dice hoy), no deberían menospreciarse sino a la persona que reacciona con vibraciones <<bajas>> ante ella (Kandinsky: 1910, 113). La pornografía suele definirse como: La descripción o exhibición explícita de actividad sexual en literatura, cine y fotografía, entre otros medios de comunicación, con el fin de estimular sentimientos eróticos más que estéticos o emocionales.
 
Se sabe que la estimulación sexual depende también del contexto así como de la mirada del observador y de los elementos culturales o de la forma en que son presentadas la descripciones o imágenes. La estimulación sexual no depende de manera directa de las imágenes o las descripciones en sí, sin el morbo (esa actitud o idea enfermiza), la pornografía no sería posible. De acuerdo con la definición corriente de pornografía, el presente trabajo de investigación podría ser considerado pornográfico ya que en algún momento se encontrarán palabras como pene, vagina, eyaculación, culo, senos, penetración, sexo oral, etc. Lo pornográfico no depende de las descripciones o las imágenes que se presenten, sino de la forma en que aparecen o más bien son presentadas a un conjunto de observadores y representadas por estos últimos. Si pornográfico es aquello que estimula los sentimientos eróticos, entonces la publicidad de la ropa interior para niños, adolescentes y adultos así como las fotografías de una familia que se ha ido de vacaciones de verano a la playa y determinadas imágenes religiosas o los libros de anatomía, podrían ser considerados pornográficos ya que nunca podemos saber a ciencia cierta qué es lo que despertarán en el observador.
 
¿Es pornográfica una mujer que se pasea por el centro comercial luciendo su cuerpo en ropa entallada provocando más de una erección entre los clientes? ¿Es pornográfica hasta que se ha fijado como objetivo propiciar erecciones? ¿Son pornográficas las líneas anteriores por hacer demasiado explícitas las descripciones en torno a una situación que le ocurrió a un amigo?. Lo aceptemos o no, nunca podemos determinar con precisión extrema qué es lo que hemos de provocar a las personas que nos miran, nos huelen, nos oyen, nos escuchan y nos tocan. Tampoco podremos saber si hemos sido parte del elenco de imágenes de una o varias personas en pleno acto masturbatorio. Pero los demás tampoco pueden saber qué es lo que provocarán en nosotros hasta que lo hayan hecho. El siguiente texto obtenido de una enciclopedia nos ayudará un poco a pensar cuán frágil es la línea divisoria entre la ciencia, lo erótico y lo pornográfico:
 
En vertebrados, la deposición interna de semen ocurre durante el proceso de copulación o cópula, también llamado coito o relación sexual. Durante la cópula, los animales se acercan lo suficiente y el macho inserta su órgano genital, el pene, en el conducto genital femenino, la vagina, descargando el semen en su interior. Este proceso se conoce como inseminación. Los espermatozoides animales pueden mantenerse vivos fuera del cuerpo durante mucho tiempo, por congelación. Si se introducen de forma artificial dentro del tracto reproductor femenino, aún son capaces de fecundar el óvulo. Este método, conocido como inseminación artificial, se aplica a personas con problemas de fertilidad (véase Infertilidad) y, en la cría de animales, para mejorar la productividad.2
 
Podríamos preguntarnos si ¿esta descripción del proceso de inseminación es pornográfica por su contenido explícito y detallado o porque contiene pasajes tan sugerentes como: el macho inserta su órgano genital, el pene, en el conducto genital femenino, la vagina?. De acuerdo con la definición corriente de pornografía, si a alguien se le ha abierto el apetito sexual, entonces se podría considerar que el texto de la enciclopedia es pornográfico. ¿Dónde termina lo científico y donde comienza lo pornográfico?, es difícil saberlo. ¿Qué nos lleva a determinar que el contenido del texto anterior es científico y no pornográfico? ¿Qué sucedería si un biólogo perverso se excitara con tales descripciones o si el texto fuese el producto de su mente retorcida?. Es decir, ¿bajo qué condiciones deberíamos considerar este texto pornográfico aún así hubiese sido escrito por el biólogo más prestigiado del planeta?. El problema es que no hay una sola respuesta a tales cuestionamientos. La línea que se traza para diferenciar lo pornográfico de lo que no lo es, sigue siendo una cuestión de poder y se traza de manera arbitraria. La línea que separa el nivel de alcohol en sangre que es legal del que es ilegal es una línea precisa porque el Estado la traza así (Kosko: 1999, 14), pero esto sucede con muchas cosas, entre ellas la pornografía. Las líneas precisas son las líneas del poder (Op. Cit. 43), las que traza el Estado y sus censores o la moral o los prejuicios o la alta religiosidad. Incluso el racismo necesita de estas líneas para separar lo blanco de lo negro.
 
La definición corriente de pornografía habla de que el fin sea la estimulación de los sentimientos eróticos. No obstante nos encontramos con otro problema ya que tendríamos ahora que establecer una marca que nos permita diferenciar lo pornográfico de lo erótico. La definición corriente de pornografía dice que lo pornográfico se presenta en forma de texto o de imágenes. Que lo erótico lo hace de igual manera, pero asociado a imágenes sugestivas o simbólicas más que a imágenes puramente gráficas y a la idea de igualdad o de placer mutuo. Se sostiene que la función de la pornografía es la de explotar a la mujer presentándola como mero objeto sexual, no como una persona racional y sensible. No obstante, parecen ser tres las principales definiciones de pornografía: analítica, empírica y la de los sensores (Arcan: 1991, 25). La definición analítica toma distancia con respecto a las explicaciones de corte clínico que, no está por demás decirlo, abundan en el campo de la psicología. La definición empírica es la que hace referencia al mercado, es decir, concibe la pornografía como un producto de consumo. Algo que se pone en circulación porque se vende. La definición de los censores es aquella que establece el Estado, los guardianes del orden social, moral y cultural. Aquella que se inquieta por la obscenidad y todos los efectos que considera nocivos para la sociedad. Cuando a varios de mis estudiantes de la licenciatura en Psicología Social les pedí que describieran algunos ejemplos de imágenes pornográficas cotidianas, uno sobre todo llamó mi atención: rascarse los genitales frente a Palacio Nacional.
 
Cada una de las definiciones anteriores opera en diferentes planos de la acción social. Ofrece diferentes versiones del mundo y representa la realidad de maneras diversas. Es decir, cada una de ellas alude a tres modos distintos de ver el mundo y de representarlo, sin que esto quiera decir que dichas definiciones sean mutuamente excluyentes. A lo largo de la historia se han ideado diferentes modos de liberar las prohibiciones (Bataille: 1957). El ejercicio de la sexualidad ha conducido a la generación de múltiples estrategias para liberarse del yugo del pudor, la obscenidad o la patología. Se dice que si alguien mira a dos perros aparearse durante un tiempo, le sale una “perrilla” en el ojo. Pero a uno no le sucede nada cuando ve a un par de burros, de elefantes o de moscas hacer lo mismo que los perros. Incluso la gente suele tirarles agua caliente cuando se quedan “pegados”. Lo cual nos haría suponer que el acto de apareamiento de dos perros resulta un tanto repugnante a la vista. Lo repugnante no es el acto ni lo que se desprende de ello. Lo repugnante, impúdico y reprobable está en la mirada. Si por pudor entendemos cualquier sentimiento de vergüenza hacia lo relacionado con el sexo, caeremos en la cuenta de que cualquier cosa puede ser pornográfica porque lo pornográfico, al menos en su acepción corriente, es aquello que hiere deliberadamente el pudor. El pudor, la vergüenza y lo pornográfico son construcciones sociales. ¿Dónde comienza y dónde termina el pudor? Nadie puede saberlo. Tocadle un dedo del pie a vuestra madre. ¿Es incesto o no? Tocad su tobillo, su pantorrilla. ¿Es incesto eso? Y así pierna arriba (Kosko: 1993, 97). No existe un punto exacto donde podamos decir que comienza o termina lo pornográfico, lo artístico o lo erótico. Las líneas divisorias entre cada uno de estos puntos se trazan de manera arbitraria. Se llega a ellas por convención. Son más simbólicas que reales. Supongamos que alguien exhibe la fotografía de la cara de una mujer. Eso no es pornográfico. Pero supongamos que ampliamos la imagen lo suficiente para mostrar el cuello, los hombros y así sucesivamente hasta mostrar todo el cuerpo. Cuando llegamos a los senos nos damos cuenta que se trata de un cuerpo semidesnudo. ¿Esa imagen es pornográfica? Cuando podemos ver el cuerpo completo y nos damos cuenta que se trataba de un cuerpo desnudo, ¿estamos frente a una imagen pornográfica? ¿En qué momento la imagen se volvió pornográfica? Tampoco podemos saberlo. Si esa imagen es parte de un libro de anatomía, ¿es pornográfica?. Si dicha imagen ha sido incluida en una revista para caballeros ¿es pornográfica?. Si nos ha despertado algún sentimiento erótico, aunque no sea la intención de su autor ¿podríamos catalogarla como pornográfica?. La imagen, por sí sola, sin la mirada del observador, no es pornográfica.
 
La pornografía como argumento
 
En más de una ocasión he escuchado, no con mucho agrado, que la pornografía resulta ofensiva porque es una forma de violencia ejercida hacia las mujeres. Las feministas ingenuas son especialistas en construir este tipo de discursos y convencer a más mujeres de que es así. La evolución y la historia fijaron las bases para entender que la revolución de ayer, fue marxista, contra la explotación de unos seres por otros; hoy ecologista, contra la explotación de la naturaleza por los seres humanos; mañana feminista, contra la explotación de cada ser humano por sí mismo (Ibáñez: 1986, 255), de acuerdo al género. El feminismo converso que trata de las dificultades de las mujeres en los trabajos duros; el feminismo perverso que versa sobre las mujeres que han ocupado el lugar de los hombres y controlan su agresividad; y el feminismo predominante que conjura, por ejemplo, madres a favor de la paz, no han podido desarrollar una discusión profunda en torno a la pornografía. Primero porque comienzan rechazándola; segundo porque su posicionamiento discursivo las ha llevado a entender la pornografía como una forma de reclusión al ámbito de la prostitución; y tercero porque los mercados pornográficos para mujeres, al menos en las sociedades latinoamericanas apenas han comenzado a abrirse camino. La pornografía para mujeres apenas ha comenzado a abrirse campo, pero no con los resultados esperados. La discusión sobre la pornografía en un ámbito feminista suena a gimnasia verbal (Ibáñez: 1990, 108 – 111).
 
Después de todo, las cosas han ido cambiando con el paso del tiempo. Que la pornografía en numerosos países ya no sea un crimen y que la historia de la pornografía no se haya limitado exclusivamente a la historia de la censura (Arcan: 1991, 29), es un hecho. No obstante, la práctica del sexo oral está catalogada como sodomía y prohibida actualmente de forma explícita en 24 estados norteamericanos (Castells: 1997, 264). Sabemos que el empleo de la boca como órgano sexual, a principios de los 1900´s, se consideraba o se sigue considerando como una perversión (Freud: 1905, 366). Y aquí hay un dato curioso, el contacto entre los labios o la lengua de una persona y los genitales de otra, estaba o sigue catalogado como una perversión. No así el contacto entre dos bocas y dos lenguas o algunas otras partes del cuerpo. El empleo sexual del orificio anal, que en un pasado lejano era muy común, también se ha visto como una suerte de desviación. La bisexualidad y la homosexualidad no han corrido con mejor suerte. El tocamiento, ese rito previo al acto sexual, al parecer en vías de extinción, estaba exento de ser considerado como una perversión, siempre y cuando el acto sexual continúe hasta su fin.
 
Tanto el tocamiento como el beso, durante el acto sexual, fueron producto del coito frontal. Gracias al encuentro cara a cara en el momento del acto sexual se dieron importantes ventajas adaptativas que transformaron la socialización sexual. El contacto corporal se extendió y agregó un elemento más: la estimulación emocional de contemplar el rostro de la pareja durante el coito (Gubern: 2000, 166). Posteriormente el beso se fue transformando, se fue adaptando a diversas situaciones hasta convertirse en una práctica social generalizada. Un beso es el que une y separa a los amigos, amantes y a los mismos enemigos. El beso inaugura relaciones entre las personas (como el primer beso que se dan dos enamorados que han dado inicio a una relación o como dos personas que no se han visto desde hace algún tiempo), pero también las clausura (tal como sucede cuando las personas se dan el beso de despedida o del adiós para siempre). Y tipos de besos hay muchos, furtivos como los que se roban, perdurables como los apasionados, de media boca como los coquetos, secos como los de compromiso, húmedos como los sinceros, comprometedores como los accidentales, maternales o paternales como los que se dan o reciben en la frente, sensuales y cautivadores como los que sólo vuelan por el viento, espectaculares como los de las películas y así sucesivamente. Pero también hay besos traicioneros como aquellos que se dan los enemigos o los hipócritas. Esa yuxtaposición anatómica de dos músculos en estado de contracción llamada beso, a veces resulta imprescindible en el acto sexual. Le da calor a las relaciones. Un acto sexual sin besos es una relación tan fría como las mercantiles o que en todo caso rayan en lo pornográfico. El beso es un rito de intimidad (Le Breton: 1998, 76). Marca la pauta para que las interacciones sociales se desarrollen. El beso puede ser una “marca de afecto”, un “rito de entrada y salida de una interacción” o una “forma de felicitación”. Va desde el contacto físico hasta el momento metonímico de la ternura o el amor. Dibuja la intimidad de las personas en público o la reafirma en privado. Cumple con funciones sociales específicas. Una de las cosas más importantes es que el beso es una breve posibilidad de acceso al cuerpo del otro (Op. Cit. 84).
 
Tanto el beso como el abrazo o el golpecito en el hombro forman parte de nuestra comunicación táctil (Eco: 1978, 38), esa que fue dando pauta para el desarrollo de los códigos del gusto. El beso incorporó un conjunto de elementos dramáticos a las relaciones sociales. Y más allá de los besos que nos permiten satisfacer ciertas normas socales a través de los convencionalismos, está el beso pornográfico: el que se da en el pene o en los labios vaginales. El que se da con la lengua en el clítoris hasta llegar al orgasmo o el que se da en el pene hasta la eyaculación. Pero también lo es el beso que se da en el culo, es un beso que se da a oscuras mientras los ojos están hundidos en la carne, se trata de un beso cegador. Además no pueden confundirse los dos orificios de arriba con los de abajo, el orificio que toma (la boca) y el orificio que da (el ano). Por eso el beso de atrás era juzgado degradante. Por eso el ano se convirtió en el gran fantasma de la iglesia (Hennig: 1996, 37).
 
La exhibición del orgasmo masculino, por ejemplo, constituye la imprescindible autentificación de la acción (y de su placer), por lo que este es un momento culminante de los documentales fisiológicos (Gubern: 2000, 180). Es una constante en las imágenes denominadas pornográficas que la eyaculación se haga visible para el espectador y tenga que efectuarse fuera de sus orificios naturales por lo que se han creado una variada gama de soluciones para ello: eyaulación sobre el rostro, la boca o algunas partes del cuerpo en especial. El orgasmo femenino, sin embargo, puede ser fingido. La marcha bípeda no sólo marcó un momento decisivo en la evolución humana, también propició la aparición de los glúteos, el desarrollo del cerebro y el redondeo de la pelvis (Hennig: 1996, 17-18). Con ella surgió un nuevo cuerpo y formas distintas de relación en el terreno sexual. Diversas partes del cuerpo como los senos, la vulva y los glúteos se convirtieron en centros de atracción para la mirada. Con la incorporación de los adornos en los centros eróticos del cuerpo, diversas funciones fisiológicas (como el enrojecimiento de los glúteos que se da aún en ciertos grupos de mandriles), fueron modificándose e incluso desaparecieron. El juego de la seducción sin adornos, hoy en día, parece imposible. El adorno juega en el filo de dos opuestos, el egoísmo y el altruismo (Simmel: 1908, 387). Es máximo egoísmo porque destaca a su portador y al lugar que se ha destinado para él, pero también es máximo altruismo porque el agrado que produce es experimentado por los demás, no disfrutándolo el propietario sino como un reflejo. Los adornos ocultan algo a la vista desviando la atención sobre el objeto, pero a la vez resaltan lo que ocultan sin dejarlo ver de manera directa. Favorecen la imaginación y el erotismo, son el valor agregado de la sensualidad. La utilización de adornos corporales, desde los personales como el tatuaje hasta los más impersonales como las piedras y los metales, construyeron un nuevo derecho: el de cautivar y agradar. Los adornos incorporaron una dosis de artificialidad en el sujeto, ampliando la importancia del sujeto desembocando en la estilización de la individualidad. A partir de ellos se construyó un universo simbólico que posteriormente se transformó en industria. En el adorno se reúnen la acentuación sociológica y estética de la personalidad el “ser para sí” y el “ser para otros” resultan causas y efectos alternativamente (Op. Cit. 391). El erotismo y la seducción, tal como los conocemos, están endeudados, históricamente, con el adorno.
 
El caso del ombligo es particular. Además de centro cósmico, geográfico, arquitectónico y psíquico, tiene múltiples implicaciones sexuales (Tibón: 1979). Implicaciones que no tenía hasta el desarrollo de las cosmogonías. Sin embargo, otras partes del cuerpo han sido más desgraciadas y menos preciadas. El caso de las axilas es claro: deben rasurarse por si acaso se muestran, a diferencia del pubis que se muestra menos, pero puede permanecer intacto, natural. Con todo y su vellosidad. La construcción de la sexualidad como tal (que encuentra su realización en el erotismo), nos ha hecho perder el sentido de la cosmogonía sexualizada, que hunde sus raíces en una topología sexual del cuerpo socializado, de sus movimientos y de sus desplazamientos inmediatamente afectados por una significación social; el movimiento hacia arriba está asociado, por ejemplo, a lo masculino, por la erección, o la posición superior en el acto sexual (Bourdieu: 1998, 19 – 20). Un tobillo al desnudo no es pornográfico en comparación con el pubis. Y visto así, el tobillo no es pornográfico porque la pornografía es un argumento. Porque es pornográfico lo que la sociedad declara como tal (Arcan: 1991, 28).
 
La “indecencia” como objeto de estudio
 
Con el paso del tiempo, las imágenes pornográficas cambiaron. Se volvieron más pornográficas. Lo que antes se consideraba como tal puede no serlo hoy en día. Sabemos que el mundo de la moda permitió que la ropa, nuestra segunda piel, se fuera pegando más al cuerpo. Permitiendo exaltar ciertas formas del cuerpo que escapaban a la vista. La moda se mostró cada vez más complaciente con las miradas deseosas por destapar su morbo. Y muchas prendas de vestir se fueron encogiendo. Desde la ropa interior hasta la exterior. Estar a la moda en París a final del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX se vinculaba a las líneas de corsetería, lencería, encajes, velos, plumas, mantillas y guantes. Y a estos artículos (junto con los botones de fantasía, artículo que protagoniza toda su historia) fue a los que se dedicó de modo especial La Nueva Parisien3 durante sus primeros años de vida. Debemos recordar que durante la alta Edad Media, época que transcurrió entre los siglos XI y XII, el modelo de belleza del momento consideraba celestial el cuerpo de una mujer si su pecho no aparecía a los ojos de los demás muy voluminoso y si sus caderas eran amplias. Para cumplir con estos requisitos, la ropa interior confeccionada buscaba reflejar fielmente los cánones impuestos por la “moda” de la época. La idea era intentar disimular al máximo posible, unos grandes senos. Para ello nada mejor que cubrir el busto con un corsé4. Mientras la “moda” de fines del siglo XIX vestía a las mujeres, Touluse-Lautrec las desvestía y Degas, por su parte, hacía lo suyo (Hennig: 1996, 53). Al primero, a quien le apodaban El Tirano o mejor conocido como El Goya de las mujeres de vida alegre, le gustaba pintar a las mujeres de los burdeles. Los pocos lugares donde se podía ver culos de manera un tanto gratuita y con actitudes a menudo provocativas.
 
Sabemos que Adán y Eva se dieron cuenta de su desnudez hasta después de haber comido del fruto prohibido (Bateson & Bateson: 1987, 107), después de haber probado las delicias de la carne. Después de que Eva fue engañada por el diablo en forma de serpiente La seducción implica la mecánica de la ilusión, el engañoso respeto con que la inocencia considera la experiencia y la engañosa envidia con la que la experiencia considera la inocencia (Op. Cit. 169), de tal forma que no podamos estar libres de estas ilusiones. La seducción echa mano de la ficción para concretarse. En la seducción, ese acto irrepetible históricamente, los participantes deben creer que todo lo que hay ahí es real aunque lo único que encuentren sea sólo la irrealidad de sus más dulces y oscuros sueños. De alguna manera la sexualidad está esquematizada. Uno de los ejemplos más característicos es que en los niveles de enseñanza básica la sexualidad se enseña con dibujos mal hechos que se asemejan a personajes de cómics, pero no a personas reales. Tan es así que incluso el cuerpo de la mujer aparece por un lado y el del hombre por otro. Los manuales de sexualidad más atrevidos muestran a los personajes tomándose de la mano, incluso sin voltear a verse. En los cursos de sexualidad se habla de erecciones, eyaculaciones y orgasmos, pero nunca se ve alguno en tiempo real. En las esquemáticas representaciones del cuerpo masculino de los libros de texto por lo regular no aparece un pene erecto. Los expertos en sexualidad lo saben bien. Enseñan a sus pupilos a poner un preservativo en palos de madera, botellas y hasta pepinos, pero jamás en un pene real. Ha sido la industria comercializadora del látex la que, de manera simpática, se ha encargado de esta engorrosa tarea. Aprender a ponerse un preservativo y aprender a conducir un automóvil tienen mucha semejanza. Hay mucha explicación de por medio, pero lo mejor viene después.
 
Palabras demás, digamos que la desnudez implica una actitud que bien puede despertar las miradas más indiscretas hasta las más recatadas, esas que cuando reconocen un cuerpo desnudo, terminan por evadirlo de manera casi automática. Los cuerpos deben mirarse con discreción, al menos así nos dicen las normas sociales y el sentido común. Hay que mirar, pero discretamente, de reojo y de manera furtiva para no ser sorprendido. Lo sexy necesita de esa discreción para no ser tildado de vulgar. La desnudez más provocativa, la que se tilda de pornográfica e indecente, quizá sea la de piernas abiertas o la de rodillas juntas y glúteos en alto como una cúpula (Hennig: 1996, 24). Y digo que quizá es la más provocativa por su carácter subversivo. Porque invita al sexo, no al amor. A pisar el terreno fangoso donde se da el desacoplamiento entre la reproducción y el acto sexual. El sexo ya no conduce, de manera obligatoria, a la reproducción o al enamoramiento, sino al sexo mismo. A las relaciones sin compromisos o compromisos ligeros. Sexo sin implicaciones afectivas. Por su parte, la tecnología sexual ha puesto su granito de arena en el ámbito del consumismo sexual: desde la píldora anticonceptiva, hasta la creación del viagra (Yehya: 2000, 63-68). Se ha planteado una nueva frontera del erotismo desprovista de responsabilidades, temores y compromisos y se han incrementado las potencialidades del disfrute y del placer pues ciertas disfunciones sexuales han podido solventarse. La sexualidad camina de la mano con un mundo artificial que garantiza el goce más no la calidad de las relaciones entre los participantes. La indecencia es un digno objeto de estudio.
 
Las disciplinas sociales, desde la psicología social hasta la antropología visual han tenido un sesgo característico: han desdeñado cierta producción de datos visuales como material etnográfico. Ante la incapacidad de reconocer los materiales pornográficos como documentales fisiológicos o algo por el estilo, se han centrado en otros aspectos que consideran importantes o dignos de analizar. A las disciplinas sociales les hace falta hurgar en los oscuros recovecos de la vida cotidiana donde se esconden la pornografía, el erotismo y el arte. Las disciplinas sociales, frente a las nuevas formas de relación erótico – afectiva, han sabido conservar sus buenos modales. Por muchos años se ha despreciado la riqueza visual de datos producidos en el ámbito de la pornografía. Una y otra vez se tocan temas pulcros. Una psicología social de la pornografía o del erotismo no tiene sus bases de datos en los espacios institucionales, sus datos están en los puestos de revistas o debajo de los colchones de cualquier persona. Están en espacios tan familiares como los clubes de video y los tianguis o los puestos ambulantes de la ciudad. No existe fotografía que no sea por esencia antropológica (Samain: 1995), pero esto lo podemos aplicar a cualquier imagen. En un futuro no muy lejano, se reconocerá con toda claridad que la pornografía, la cara “indecente” del erotismo, tiene el mismo estatus en la investigación que cualquier otro tópico del estudio psicosocial. ¿Las películas pornográficas pueden ser consideradas como excelsos documentales por la psicología social?. La respuesta es sí. Eliminar los yugos del pudor, la moral y el gusto dominante, en materia de investigación es necesario para ampliar los espacios de reflexión y producción que se han creado.
 
Nuevos mundos, nuevas realidades
 
Fenómenos como el desarrollo demográfico, los cambios en el mundo del trabajo y el currículum vitae del progreso científico y técnico (Habermas: 1998, 39), se suman a un conjunto de nuevos problemas que enfrenta la humanidad como el calentamiento de la Tierra, el agujero en la capa de ozono y la depredación ecológica del planeta (Yehya: 2001, 12-13). Problemas que han sido el fruto de diversas irrupciones tecnológicas en la historia de la humanidad. Así como el intercambio de información a nivel celular no sólo permitió la generación de bancos genéticos hereditarios y la “creación” de miles de nuevas especies, sino que fijó las bases para la “evolución” natural u orgánica, la invención del lenguaje fijó las bases para la evolución social, revolucionó los modos de adquisición de conocimientos y abrió un nuevo campo para el intercambio de experiencias (Russel: 1982). Hemos transitado de los modos de aprendizaje individual hacia los sistemas de aprendizaje colectivo acumulando experiencias y conocimientos. Muchos animales aprenden principalmente de sus propias experiencias, pero no se benefician, como lo hacemos nosotros, de las experiencias de otros animales de su misma especie. Los seres humanos hemos aprendido a compartir nuestras experiencias y a aprender de las experiencias de otros seres humanos, no sólo aprendemos de las experiencias individuales. Desde la palabra hablada, pasando por la palabra escrita hasta llegar a la escritura a distancia, el desarrollo de las tecnologías nos ha llevado a complejizar los sistemas de comunicación e intercambio de información. Las tecnologías han expandido nuestros sentidos. Los han potencializado. El telégrafo fue el primer ejercicio de escritura a distancia. El teléfono permitió oír a distancia mientras que la televisión nos permitió ver lo que sucedía en un lugar sin estar presentes. Con el ascenso y el mejoramiento de nuevas tecnologías el cuerpo se fue convirtiendo en un obstáculo o en un objeto casi innecesario para ver, escuchar y oír lo que sucede en otro lugar diferente al que nos encontramos. El gusto y el olfato han corrido con una suerte distinta, pero se trabaja en ello. En el California Institute of Technology, Nate Lewis trabaja en la construcción y perfeccionamiento de una nariz artificial. Según él, llegará el momento en que así como ya contamos con retinas artificiales, podamos contar con narices artificiales del tamaño de un chip o en todo caso contaremos con un olfato mejorado que nos permita percibir los olores de las personas que han estado sentadas un día antes en el lugar que ocupamos. En la actualidad, el ejército de los Estados Unidos desarrolla un proyecto denominado Land Warrior, equipando a sus soldados con dispositivos que mejoren sus sentidos, sobre todo el de la vista y el del oído. Land Warrior es una tecnología computarizada que permite el reconociminto de imágenes térmicas y que intensifica las percepciones sensoriales. Los soldados llevan una computadora personal que les permite acceder a mapas, información del clima y reconocer la posición de los cuerpos que desprenden energía de calor. Toda esa información puede enviarse a través de un dispositivo ocular. A parte de todo, su rifle lleva una cámara de televisión, un telémetro láser y un termógrafo infrarrojo. Estos súper soldados de súper sentidos, pueden ver a través de la niebla, la oscuridad e incluso en espacios curvos. Los departamentos de bomberos de norte américa ahora trabajan a partir de imágenes térmicas utilizando una tecnología de visión basada en el calor. Por su parte, Real Aroma5 introdujo desde 1996 una nueva dimensión en la interfaz disponible para las computadoras personales: 128 olores disponibles para usuarios que pretendan oler lo que ven mientras navegan en internet. Pero estos son sólo unos de los pocos ejemplos de lo que se hace en relación al cuerpo del futuro.
 
La transformación de la intimidad
 
A partir de la creación de la primera computadora electrónica en 1946 (cuando sucedió la primera guerra en Indochina y se puso fin a la monarquía en Italia; cuando Perón asumió el poder en Argentina y las Filipinas lograron su independencia mientras Japón instituía su monarquía constitucional), tras el deceso de la segunda guerra mundial, la historia de las experiencias sensibles estaba cambiando porque en ese año las aspiraciones de docenas de científicos se habían cristalizado en un armatoste de 30 toneladas que ocupaba el tamaño de un almacén convencional. El esplendor de la cortina de hierro pronto iba a marcar las fronteras de la técnica del presente siglo: el tránsito de lo macro a lo micro. No pasaron más de 13 años para que en 1959 se diera la creación de los circuitos integrados (cuando Batista abandonó Cuba un 1º de enero y cuando aún los Estados Unidos no rompían relaciones con la isla sino hasta ´61 durante la administración de Eisenhower). En 1953, por ejemplo, sólo había alrededor de 100 computadoras utilizables en todo el mundo. Más adelante, el tránsito de lo analógico a lo digital proveyó de cuatro características básicas a las formas de procesar la información: rapidez (tal vez la esencial); reducción de interferencias en la señal; precisión en la transferencia; y reconversión de los datos, aspectos que fueron transformando la noción de experiencia en el tiempo y espacio: lo que antes llevaba meses e incluso años, en aquel momento llevaba sólo algunas horas, quizá algunos días, hoy sólo segundos. La experiencia sensible de un espacio virtual comenzaba a configurarse.
 
Con el advenimiento de las computadoras personales en 1975 (cuando el rey Faisal de Arabia Saudita fue asesinado por un príncipe y sobrino suyo; cuando terminó la guerra de Vietnam con la evacuación de las tropas norteamericanas de Saigón y vino la guerra en el Líbano y se concretó la misión Apollo-Soyuz mientras las colonias portuguesas lograban su independencia), la antesala para el nacimiento de internet estaba a punto de cuece. Los logros derivados de las técnicas LSI y VLSI, a principios de la década de los setenta, enfocadas a la reducción del tamaño de los circuitos, habían hecho lo suyo.
 
Tal vez nunca se cuente con el registro histórico de cuándo las largas filas de personas se convirtieron en grandes centros comerciales, pero de lo que sí tenemos registro del nacimiento de los lectores ópticos en la década de los 60’s (y no debe dejar de mencionarse que desde 1866, los modos de escritura a través de fotografía habían sido propuestos ya por un ingeniero desconocido de origen húngaro llamado: Eugene Porzolt). Los lectores ópticos de alguna forma aceleraron muchas relaciones de compra – venta entre las personas. Las relaciones sociales se fueron volviendo cada vez más rápidas gracias a las tecnologías. En materia de nuevas formas de vinculación erótica y afectiva, las relaciones de microondas (Gergen: 1991, 96) no sólo se fueron instaurando dentro de las dinámicas familiares sino también entre los enamorados. La escasez de tiempo y la necesidad de dar mantenimiento a los lazos amorosos que proveen de cierta seguridad emocional al sujeto han propiciado que el acto sexual se practique más veces en menos tiempo.
 
El año de 1979 marcó el advenimiento del popular y conocido juego de video Space Invaders de manufactura japonesa. En ese momento comenzó a ser más atractivo quedarse a jugar en casa que jugar en la calle o por lo menos había más opciones. A mediados de los años 70’s ARPANet, el antecedente directo de internet, comenzó a operar. Arpanet fue el resultado de un proyecto del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. La guerra de los navegadores y el escándalo por el monopolio de Bill Gates, vinieron más adelante.
 
El punto de ebullición de la cibercultura no es sólo la expansión de los dominios de la experiencia y la potencialización de los sentidos, sino también la modificación de la intimidad y las prácticas sociales individualizadas sometidas a los impulsos electrónicos que plantea, entre otras muchas cosas, el nacimiento de las comunidades virtuales. Digamos que en el ámbito de la tecnología, el mundo mantiene un ritmo de encogimiento paulatino que nos llevará al nanomundo (Kosko: 1993; 1999), no sin antes haber transformado las experiencias cotidianas y más comunes. En materia de escritura, el texto está siendo desplazado por el hipertexto y este por el QVR. En 1990, Eigler y Erhard Schweizer, miembros del Centro de Investigaciones de Almaden, utilizaron 35 átomos de xenón para escribir IBM6. La cibercultura ha sostenido un ritmo sorprendente en su desarrollo y nos ha llevado a un mundo plagado de desplazamientos. El ascenso de nuevas tecnologías va marcando diferencias importantes en torno a los mundos de ayer y de hoy. De las tecnologías de bajo nivel se pasa a las de alto nivel (Gergen: 1991, 77-90), sin que estos pasajes impliquen la aniquilación de las tecnologías de bajo nivel. Los desplazamientos, en todo caso, son parciales. Sin embargo despliegan sus fronteras en diferentes radios de acción: cerebro - computadora; correo de uso corriente - correo electrónico; mímica - realidad virtual; vagabundeo - navegación; lenguaje verbal - paquetes computarizados; sexo - cibersexo. Propiciando nuevas condiciones que a su vez favorecen los nuevos escenarios de la intimidad. Donde había privacidad de dos, ahora hay intimidad con uno mismo (Lipovetsky: ).
 
Muebles como el “secreter” y objetos como los “diarios personales”, se encuentran en desuso conforme el tiempo avanza y las tecnologías van mejorando cada vez más. El acceso a la intimidad del otro ya no es una llave que abre un candado sino un password. La construcción de la intimidad personal se ha tecnologizado. Cierto día el mensaje que me había escrito por correo electrónico llamó mi atención: Me siento muy triste, nadie me ha escrito. Escríbeme. ¿Qué me pasa? Un amigo, ingeniero de formación, terminaba su comunicación electrónica diciendo: Me da gusto saber que estás nuevamente a un click del mouse. Estos dos sucesos cotidianos son sólo un par de ejemplos que nos dejan ver cómo hasta las narrativas cotidianas se han transformado gracias a la tecnología y las múltiples relaciones que hemos generado con ella ya que ha pasado a formar parte de nuestras vidas privadas. La era tecnológica plantea, entre muchas otras cosas, una suerte de emancipación por medio de la maximización de la información (Welsch: 1992, 36), que conduce a una suerte de rupturas así como a la gestación de nuevos universos simbólicos que sirven como referentes en la construcción de las experiencias sociales. La tecnología basada en la ciencia natural ha introducido, en nuestra vida cotidiana, aparatos casi mágicos que funcionan (Weizenbaum: 1992, 137), pero también ha modificado nuestra experiencia del mundo. En la película Denise calls up (1995), de Hal Salwen, los personajes, vía telefónica, establecen una red de comunicación compleja que los lleva a asistir a un parto sin estar presentes. La curiosa trama, jugando con las complicaciones de la inseminación artificial, plantea la posibilidad de que los personajes se conozcan en una fiesta de fin de año, pero nadie se atreve asistir. El anfitrión de la fiesta donde todos podrán conocerse, jamás contesta a los insistentes llamados de una protagonista desesperada por conocer al padre de su hijo. En The end of violence (1997), Wim Wenders ofrece un prototipo de ciudad la cual se encuentra bajo estricta vigilancia de cámaras de video y un dispositivo de seguridad que termina por aniquilar a su creador. El interesante papel que han adquirido los productos tecnológicos en la transformación de la intimidad es notorio. Tanto en el ámbito privado como en el ámbito público, la vida cotidiana se ha transformado gracias al uso, cada vez más constante, de múltiples productos tecnológicos. El denominado “sexo virtual” se ha erigido como una práctica cada vez más socorrida en un mundo en el que el ejercicio de la sexualidad conduce a un universo, físico y simbólico, plagado de riesgos.
 
Distanciamientos y ¿nuevas perversiones?
 
Es importante hacer una anotación: todavía no es posible practicar una forma de sexualidad virtual en la que realmente se puedan transmitir y recibir digitalmente sensaciones táctiles, olores y sabores, aunque estas tecnologías parecen estar cada vez más próximas a concretarse y comercializarse (Yehya: 2000, 27). Soñar con el coito incorpóreo, al menos por ahora, es lo mismo que fantasear sobre una fantasía (Dery: 1992, 237), hay de por medio muchos obstáculos técnicos. Por ello el cibsersexo, en estos momentos, puede ser comprendido como una suerte de teleconsolación o masturbación programada a distancia (MPD). No obstante se trabaja en la construcción de una cybersuit[7] que se intenta poner en el mercado norteamericano. Dicha suite del amor cuenta con 36 estimuladores que se podrán repartir sobre todo el cuerpo y serán capaces de proporcionar cinco estimulaciones diversas: calor, frío, vibraciones, piquetes y cosquillas. Esta cybersuit permitirá estimular, vía internet, las zonas erógenas de un compañero a distancia: de la ciudad de México a Tokio o de una habitación a otra en un mismo departamento. Los juguetes sexuales de control remoto[8] ofrecen una dimensión nueva a la sexualidad. El Sex Transciver permite el intergasm (orgasmo vía internet) por medio de un intercambio de mensajes entre dos personas enlazadas a través de la red cuyo destino es una pequeña caja, la Box XE, un convertidor de señales que da movimiento a los juguetes y que se conecta fácilmente a una computadora personal. Los juguetes sexuales de control remoto van desde vibradores vaginales o estimuladores de clítoris de varias velocidades y diferentes presentaciones hasta bombas para pene como la Robosuck. Aunque su utilización no está muy difundida aún, podríamos pensar que en una época en donde las enfermedades de transmisión sexual están a la orden del día estos juguetes para ejercitar la sexualidad de manera segura se acoplan muy bien a nuestros tiempos. Nuevos dilemas saltan a la vista: ¿deben tener celos las parejas reales de las aventuras virtuales de su compañero? (Dery: 1992, 228). ¿Hablamos de nuevas formas de fetichismo cultural? ¿Es pertinente hablar del fetichismo cibersexual? ¿En realidad se desvanece la intimidad al prescindir del otro parcialmente para obtener un orgasmo vía internet? ¿Qué sucederá con nuestros conceptos tradicionales de adulterio, infidelidad u orgía si las prácticas cibersexuales llegaran a generalizarse? ¿Nos enfrentamos a nuevas manifestaciones de la intimidad? ¿En algún momento será legítimo reclamar nuestro derecho a una ciberintimidad así como tenemos derecho a la intimidad del acto masturbatorio tradicional? No sabemos si las prácticas cibersexuales se generalicen o en algún momento de la historia logren masificarse, pero lo cierto es que, por un lado, el distanciamiento entre las personas ha permitido que la comunicación entre ellas tenga nuevos adeptos y que, por otro, los obstáculos para practicar el sexo virtual se vayan superando de maneras muy creativas y prometedoras.
 
En 1994, Michael Mauldin, el fundador de Lycos, Inc., desarrolló un prototipo de Chatterbot, (Julia9), que compitió en el Turing Test por el conocido premio Loebner. En 1997, Mauldin y Peter Plantec, formaron Virtual Personalities, Inc., y refinaron la versión de Julia, creando una interfaz que incorporaría la animación y la interacción en tiempo real. Esto trajo al mundo a Sylvie. Desde la primavera del 2001, se desarrollan Verbots en varios ambientes. Los verbots son una combinación de inteligencia artificial y animación que procesan algún lenguaje natural. Las Virtual Personalities pretenden funcionar como “agentes inteligentes” que sirvan como puente entre las personas y la tecnología. Los agentes a su vez, son parte de nuestra cultura digital borrosa (Kosko: 1999, 245-311). Un agente es un conjunto de programas de software que pueden buscar información y “aprender”. Supongamos que ud. padece de diabetes y debe inyectarse insulina dos veces por día para que los niveles de azúcar en sangre no se eleven demasiado. Para medir el azúcar en sangre ud. cuenta con un aparato de uso sencillo. Ahora supongamos que esta información la ingresamos en una base de datos y que así se suma a otros conjuntos de informaciones que previamente hemos ingresado. Gracias a la “acción” de un agente podremos recibir asistencia a un buen precio y nos tendremos que olvidar del regaño del médico por haber suministrado sustancias al cuerpo que propiciaron que los niveles de azúcar se hayan incrementado. Los agentes médicos no tienen mal humor ni se divorcian, tampoco se interesan sexualmente por nosotros ni pueden acosarnos: podemos confiar en ellos hasta cierto grado. Los agentes médicos harán que los ingresos que obtiene el monopolio médico caigan en picada (Kosko: 1999, 273).
 
En los últimos años, la telemedicina10 ha mostrado un potencial de desarrollo muy interesante. Un ultrasonido puede ser transmitido con facilidad por algún medio electrónico y un embarazo podría ser supervisado por un médico con mayores habilidades y mejores conocimientos en otro país, incluso a un costo menor. Las consultas podrían llevarse a cabo por videoconferencias en la comodidad del hogar, evitando el engorroso desplazamiento al consultorio. Los depósitos se podrían hacer por medio de las bancas electrónicas11. Una de las diferencias entre los médicos y los agentes médicos es que los segundos no tienen cuerpo, sólo poseen un conjunto de conocimientos especializados, igual que el médico, pero no les falla la memoria y pueden convertirse en poco tiempo en verdaderos especialistas en nosotros y no en el mal que nos afecta, cosa que difícilmente el médico puede hacer porque atiende varios pacientes. El agente sólo nos atiende a nosotros. Si en algo se parecen los agentes médicos y los médicos es en que ambos nos podrían envenenar por actuar con negligencia. La cuestión es que un agente médico no puede ir a la cárcel y el médico, en un caso extremo, sí puede ser encarcelado y hundido socialmente. Se le puede retirar la cédula profesional para ejercer la profesión. Al agente sólo habría que reprogramarlo o aumentar la información en su banco de datos para esperar un mejor funcionamiento o que no vuelva a cometer el mismo error en un futuro. No es gracias a las nuevas tecnologías que el contacto entre los seres humanos puede transformarse sino que es gracias a los seres humanos que las nuevas tecnologías pasan a jugar un nuevo papel en sus vidas. El éxito de las nuevas tecnologías se debe a los seres humanos y no a ellas mismas, pero de alguna manera se ha querido suponer que es la tecnología la que nos separa o tiende un abismo entre nosotros cuando en realidad somos nosotros mismos. La tecnología y sus productos han permitido ciertos distanciamientos entre nosotros, pero han abierto nuevos horizontes del goce, el placer, la comodidad y el confort. Actos considerados tradicionalmente tan íntimos como la masturbación (individual o en pareja), pueden ser asistidos ahora por una máquina.
 
En el campo de la psicología, la masturbación “natural” fue considerada por muchos años (ahora menos), como una perversión. Perversión viene del latín pervers que quiere decir desviado. Es decir, fuera de las normas o las prácticas socialmente aceptadas entre las personas. Sin embargo vuelve a aparecer el problema que ronda una y otra vez esta discusión: ¿qué es una relación sexual normal? Anteriormente habíamos dicho que esto es cuestión de grado y tiene que ver con sus protagonistas, sus prejuicios y la moral del momento. De tal modo que no podríamos decir con mucha precisión qué es una relación sexual normal. Normal, en su sentido más amplio, podría pasar como un sinónimo de estándar, es decir, una práctica generalizada en un grupo o una comunidad regida por determinadas normas culturales y tradiciones. Desde la invención de los vibradores y las vaginas mecánicas, la masturbación y la sexualidad expandieron sus radios de acción. Se crearon dispositivos - máquina cuyo único objetivo fue abrir las posibilidades de la autosatisfacción hacia otros horizontes. El fin de una época y el comienzo de otra diferente, implica también el surgimiento de nuevas perversiones. A las viejas perversiones se les suman unas nuevas. Otras entran en desuso y algunas más arriban a los escenarios contemporáneos.
 
En el siglo V, la civilización mochica, que se desarrolló al norte del Perú, junto a la costa, logró distinguirse de otras culturas por la forma en que representaba a sus muertos en momentos de actividad sexual. Existe aún una buena cantidad de estatuillas y vasijas con escenas sexuales (penetraciones anales y lo que nosotros conocemos como “felaciones”, por ejemplo), y no se ha podido determinar qué representan (Davis:    ) y por qué hay tanta insistencia en la representación del “coito anal”. Es claro que estas “escenas sexuales”, por formar parte de una cultura ancestral y por la fama que se les ha atribuido a las culturas precolombinas de asociar sus actividades con fines religiosos o ceremoniales, no pueden considerarse pornográficas y mucho menos encajarían con las definiciones contemporáneas de perversión. Pero ¿qué hay del hombre sentado sobre un asno en una posición opuesta a la marcha del animal? Y ¿qué hay de las figurillas realizando coitos anales encontradas en las tumbas de los niños? Si entendemos que las relaciones sexuales anales son algo que se encuentra fuera de las relaciones promedio, veríamos entonces que las perversiones no son nuevas sino son parte de nuestro pasado común, quizá inherentes a la condición humana. La masturbación debe ser también una práctica ancestral ligada a la autosatisfacción.
 
Es cierto, nuevas formas del erotismo, la sexualidad y la pornografía han aparecido en escena y mucho se ha hecho por satanizarlas o segregarlas. Lo cierto es que tarde o temprano iremos generando familiaridad con ellas. La utilización de la tecnología al servicio del disfrute, como ya se había comentado, es una constante y común denominador de las sociedades en proceso de tecnologización. Tanto las primitivas prácticas de sexo virtual como la masturbación a distancia también se insertan dentro de un marco finisecular en donde, presumiblemente, la velocidad de la transformación de las relaciones afectivas es una constante que se suscita cotidianamente.
 
Es importante poner atención a este tipo de fenómenos y sucesos que no han sido investigados lo suficiente como para poder determinar la relación que guardan con el ascenso de nuevos tipos de sensibilidad colectiva dentro del ámbito de la afectividad. Las nuevas formas del erotismo y la sexualidad son un campo propicio de investigación ya que sus diversas formas de manifestación han sido poco exploradas por las diversas disciplinas sociales.
 

 

Referencias
 
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41.   Yehya, N (2001): El cuerpo transformado, Paidós – Amateurs, México.
 
 

 
1 Recordemos que la esposa de George Bush emprendió su guerra personal en contra de la pornografía y trató de censurar los contenidos de muchas canciones de rock y rap. Posteriormente Bill Clinton se vio involucrado en un sexgate. Es claro que la pornografía y la política o el sexo y la política no se llevan bien. El mundo de la política no puede hacer mucho para transformar el mundo de la pornografía, pero el mundo de la pornografía corrientemente transforma el mundo de la política.
 
2"Reproducción," Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2000. © 1993-1999 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
 
3 La Marca La Nueva Parisien fue creada el 1° de mayo de 1897. Se abrieron dos establecimientos en la capital de España. La elección del nombre, responde a una tradición madrileña de vincular lo último en moda, con la capital de Francia. La Nueva Parisien cumplió su centenario en 1997. Para mayor información consultar: http://www.nuevaparisien.com/historia.htm
 
4 El corsé se almidonaba para darle una consistencia rígida. Estas prendas eran de lana o de lino y no solían colorearse ni bordarse, tampoco se colocaba nunca en contacto directo con la piel. Se ponía encima de una camisa que cubría previamente algunas zonas del cuerpo de la mujer. Para acentuar la forma de las caderas, se utilizaba una falda preferentemente. Solía llevar un gran aro metálico alrededor que le daba una forma cónica y marcaba considerablemente esta zona. Para mayor información, visitar: http://www.mujerweb.com/vaixel/moda/articulos/historia_lenceria2.htm
 
5 La dirección de este interesante sitio es http://realaroma.com/
 
6 La confección de una sola letra, hasta el momento, puede llevar días de trabajo. La compañía IBM desarrolla herramientas para agilizar la escritura. En la Universidad de Cornell, en 1997, un grupo de científicos creó una guitarra del tamaño de un glóbulo rojo. Después de la creación del microscopio que permitió visualizar átomos (STM) en 1982, se llegó a la manipulación de los átomos relativamente en poco tiempo. El futuro en el campo será sorprendente. Este modo de almacenamiento de la información nos permitiría tener este trabajo de investigación en una superficie menor a una décima de centímetro cuadrado.
 
[7]Para ampliar la información se puede consultar la siguiente dirección: http://qn.quotidiano.net/chan/web_reportage:1593206:/ 2001/07/17:
 
8 Si se quiere conocer más acerca de estos simpáticos dispositivos se puede visitar el siguiente sitio: http://www.remotecontrolsextoys.com/home.htm
 
9 Según la propia Julia: un Verbot es un software robot reforzado verbalmente. Julia fue uno de los primeros intentos que se han seguido mejorando. Para mayor información acudir a http://www.verbots.com/ donde ud. puede curiosear un poco.
 
10 Tanto la telerradiología como la teledermatología son campos ya consolidados (Kosko: 1999, 423). Existen campos en la medicina en donde ver al paciente o establecer un contacto directo con él no resulta una actividad primordial, el diagnóstico no depende de ello, tampoco la prescripción. Muchas de las interacciones entre el médico y el paciente se reducen a simples entrevistas que no necesariamente se tendrían que llevar a cabo en persona. En la actualidad, muchos ginecólogos o nutriólogos recurren al llenado de formularios o simples entrevistas con sus pacientes: la presencia es mero formalismo, hábito o costumbre. Estas actividades podrían llevarse a cabo de otras maneras. Muchas actividades como ir al médico se podrían modificar sustantivamente. Ir al médico sería equivalente a sentarse frente a la computadora de la casa unos 15 ó 20 minutos una vez a la semana. Muchos consultorios desaparecerían o se convertirían en pequeños estudios de televisión ambientados de tal forma que el paciente se sintiera a gusto con la escenografía que el médico ha montado a sus espaldas.
 
11 La utilización de dinero electrónico o efectivo digital permite realizar transacciones a través de internet, nos permite comprar libros, inscribirnos a un congreso o adquirir un password para instalar un software en nuestra computadora o mirar cientos de imágenes pornográficas según nuestros gustos personales.
 
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